Los latrocinios con AMLO
El que pobre anocheció y rico amaneció ¿de dónde lo sacó? La suspicacia popular ve con recelo a quien medra, como el jocoque, de la noche a la mañana. (Mexicanísima palabra es “jocoque”.
El vocablo viene del náhuatl xococ , cosa agria.
“El bebé huele a choquío”, se dice todavía a propósito del olor acre que despide a veces el babero del pequeño).
La 4T, ridículamente llamada así con absurdo delirio de grandeza, ha sido pródiga en esos especímenes enriquecidos con sospechosa rapidez.
Del sexenio de AMLO salieron varias comaladas de nuevos ricos que fincaron su repentina dinerada en la cercanía por parentesco o amistad con el caudillo.
Las usuales corrupciones del régimen priista fueron mínimas si se les compara con los enormes desmanes cometidos en el curso del nefasto período obradorista, seguramente el que más daño ha causado al país en la época moderna, si no es que en todas las épocas.
El dinero mal habido es muy chismoso; la súbita prosperidad denuncia a quien la goza.
“¿Pos cómo le haces?”, le preguntarán al rastacuero –o rastacuera– que se hizo de fortuna repentina.
No se apenará, sin embargo.
Lo amarillo del dinero quita el rubor al ratero.
Buen lomo y resbaladillo son el paraguas del pillo.
Dirá para sí el interrogado: “La vergüenza pasa, y lo agarrado se queda en la casa”.
En los gobiernos de la Revolución se robaba dinero.
En el tiempo de AMLO hubo latrocinios tanto de dineros como de instituciones.
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