El diagnóstico que el IMSS ya debía tener
El 12 de octubre, con las protestas de trabajadores extendiéndose por el país, el director general del IMSS, Zoé Robledo, anunció que su equipo recorrería “piso por piso” 277 hospitales para preguntar al personal qué hace falta.
Al día siguiente, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió “ un verdadero diagnóstico para poder atender lo que no está resuelto ”.
La respuesta institucional es una consulta de pasillo, y llega cuando Robledo suma siete años y cinco meses en el cargo, bajo dos presidentes.
Escuchar a los trabajadores nunca sobra.
El problema es otro.
Las normas del propio Instituto lo obligan a saber, casi al día, qué medicamento falta en cada servicio.
Para las unidades médicas del primer nivel de atención del IMSS, el procedimiento 2200-003-001 ordena calcular el consumo promedio mensual de cada clave, medir cada mes el porcentaje de surtimiento por servicio e informar a diario qué claves hay y cuáles no.
Para los hospitales y Unidades Médicas de Alta Especialidad (UMAE) el procedimiento 1832-003-004 establece obligaciones equivalentes.
Para el equipamiento médico, la norma 2000-001-012 (Norma para la solicitud de equipo médico en el IMSS) establece un sistema electrónico, el PREI-PROFORMA, como único canal de solicitud, con prioridades por unidad que las Delegaciones (OOAD) y las UMAE están obligadas a mantenerla actualizada.
Y la Ley Federal de las Entidades Paraestatales obliga al titular a recabar información que refleje el estado de la institución.
La información, en suma, debería existir sin necesidad de recorrer pasillos.
De hecho, buena parte ya existía.
La Encuesta de Calidad 2025 del IMSS, con 17 mil 82 cuestionarios levantados en octubre y noviembre del año pasado, encontró que 20.3 por ciento de quienes reciben receta no la obtiene completa, y que 94.8 por ciento de esos faltantes se explica por falta de inventario.
Tres de cada diez afectados compran el medicamento con su dinero.
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