La presidenta ocupa dinero
López Obrador tuvo un plan pérfido.
Amarraría de manos a quien le sucediera.
No tanto con su “liderazgo moral”, ni con el revocatorio, tampoco premiando a los perdedores en la carrera presidencial.
Esas limitantes no son menores, pero no eran cruciales.
Andrés Manuel dejó un gobierno sediento de dinero.
Se chupó casi todo fideicomiso.
Y eliminó o constriñó instituciones y organismos autónomos para quitarse frenos y, al mismo tiempo, succionar sus recursos.
Una gestión de mirada pedestre en términos de ingresos y egresos fue la de AMLO.
Revisaba diario cuánto entraba, mas no se preocupaba de crear condiciones que garantizaran que los sectores productivos prosperaran a fin de seguir contribuyendo.
Fue un hacendado sin conciencia del entorno más allá de las piedras de su rancho.
Vendía vacas y daba por sentados a quienes se las compraban.
El mundo y sus cambios tecnológicos y socioeconómicos le tenían sin cuidado.
Esa solvente hacienda no la forjó con su esfuerzo.
Tras ganar la elección presidencial tuvo acceso a recursos que durante décadas se acumularon, mediante, entre otras cosas, grises administraciones que habían aprendido lecciones de duras quiebras.
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