Mirador 24/08/2026
Los fantasmas que por la noche habitan la casona de Ábrego piensan que yo soy un fantasma.
Quizá no se equivocan.
Ya no se asustan cuando se topan conmigo en alguno de los aposentos, ni dicen al verme: “En nombre de Dios te pido que me digas si eres de este mundo o del otro”.
Yo no creo en los fantasmas, y aun así se me aparecen.
Ellos no creen en mí, y aun así me les aparezco.
Cuando me ven murmuran entre ellos: –Aquí ha de estar la relación.
La relación, en frase ya olvidada, era un tesoro oculto.
Su existencia la anunciaba un alma en pena.
Los fantasmas de la casona de Ábrego piensan que yo soy un alma en pena.
Quizá no se equivocan. ¡Hasta mañana!...
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