El diablo
Le he propuesto algunas ideas de cuál debería ser la meta para México después de este tercer intento de construir un régimen autoritario y corporativo, que ha empezado a derrumbarse.
Lo he hecho describiendo el papel que debería jugar el gobierno mediante lo único verdadero: el presupuesto.
En mi sugerencia, habría que concentrar la fuerza de la sociedad en tres rubros: seguridad, educación y salud.
No es coincidencia que esas tres actividades sean parte de la “enfermedad de los costos”, propuesta hace medio siglo por William Baumol.
Este estudioso observó que las actividades que requieren una mayor cantidad (intensidad) de capital humano irían incrementando su costo frente a otras que hacen uso de materiales o energía que, en el largo plazo, se abaratan.
Así ha ocurrido, y los costos de seguridad, educación y salud han crecido notablemente en todas partes del mundo.
Puesto que durante el siglo XX se hizo común que el gobierno se hiciera cargo de una gran proporción de ellas, esto obligó a recaudar más.
No fue suficiente, y cuando sumamos las pensiones, el resultado es gobiernos profundamente endeudados, en todos los países occidentales.
En consecuencia, hay que ser muy cuidadoso en la forma en que se traducen estas obligaciones del gobierno en programas concretos.
En el caso de seguridad, lo primero es separar claramente seguridad nacional de seguridad pública, eliminando el esperpento actual.
Las fuerzas armadas tienen que dedicarse a lo suyo, con equipamiento y entrenamiento que les haga sentirse orgullosos de cuidar la seguridad del Estado.
La secuencia procuración, impartición y administración de justicia fue dañada en el eslabón menos malo que había gracias a la reforma del Poder Judicial.
En los extremos, tenemos más del 95% de impunidad con cárceles saturadas.
Se requiere mucho más dinero, pero sobre todo mucho más capital humano y organización.
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