Harfuch, enfilado hacia el 2030
¿Estará Omar García Harfuch preparado para asumir responsabilidades políticas de mayor nivel que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana? La pregunta dejó de ser una simple especulación de café después de lo ocurrido en Buenos Aires, donde el poderoso director de la DEA, Terrance Cole, prácticamente llenó de elogios al funcionario mexicano frente a representantes de más de cien países reunidos en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas.
Cole llamó a Harfuch “socio de confianza” y “buen amigo”, reconoció su liderazgo, valentía y colaboración y recordó incluso que sobrevivió al atentado perpetrado en su contra en junio de 2020 y regresó a cumplir con sus responsabilidades públicas.
Este epíteto de halagos proviene del director de la agencia antidrogas estadounidense en momentos particularmente complicados de la relación entre México y Estados Unidos.
Y eso tiene enorme valor político.
En Buenos Aires, el secretario mexicano presentó resultados que fortalecen su posición: habló de 63 mil 500 detenidos por delitos de alto impacto, 32 mil 800 armas aseguradas y 518 toneladas de drogas decomisadas durante la actual administración.
También destacó el intercambio de inteligencia prácticamente en tiempo real con las agencias estadounidenses y la cooperación entre la Unidad de Inteligencia Financiera y la OFAC para perseguir las estructuras financieras del crimen organizado.
Más allá de la discusión que necesariamente debe darse sobre las cifras oficiales de homicidios y su metodología, resulta evidente que la política de seguridad de Claudia Sheinbaum es sustancialmente diferente a la aplicada durante el sexenio anterior.
Ahora se detiene a criminales, se realizan operativos, se decomisan armas y drogas y se golpean estructuras financieras.
Y el rostro de esa estrategia se llama Omar García Harfuch.
Hay que recordar que Harfuch quiso convertirse en candidato de Morena a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2023 y ganó claramente la encuesta interna: obtuvo 40.5 por ciento de las preferencias contra 26.7 por ciento de Clara Brugada, pero no fue el candidato.
La aplicación del criterio de paridad de género terminó colocando a Brugada en la candidatura y Harfuch aceptó la decisión sin romper con Morena, sin confrontarse públicamente con Andrés Manuel López Obrador y sin provocar una crisis interna.
Esa disciplina política también cuenta.
Porque desde entonces quedó demostrado algo que sus adversarios internos difícilmente pueden ignorar: Harfuch tiene posibilidades electorales.
Dentro de Morena existen sectores radicales que nunca lo han visto con buenos ojos.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elfinanciero.com.mx — el contenido pertenece a El Financiero.