Freddy Marcano: 85 años, volver a ser útiles
El 85 aniversario de Acción Democrática (AD) no debería ser solamente una oportunidad para mirar atrás y recordar nombres, gobiernos, luchas y victorias.
Debería ser, ante todo, la oportunidad para preguntarnos qué significa ser adeco en la Venezuela de hoy.
AD nació en 1941 hablando de democracia, justicia social, libertad, trabajo, así como también de la necesidad de incorporar a todos y cada uno de los venezolanos, adecos o no, a la construcción nacional; con el tiempo se convirtió en una fuerza fundamental para la consolidación de la democracia venezolana.
Sin embargo, 85 años después no basta con reivindicar aquella historia.
Hay que volver a conectarla con un país donde millones de ciudadanos siguen esperando respuestas para problemas tan elementales como el salario, las pensiones, la salud, la educación, los servicios públicos y la posibilidad de vivir con dignidad.
La mejor manera de honrar la historia de AD es volver a ser útiles para la gente.
Los gobiernos de Acción Democrática dejaron una huella profunda en la Venezuela democrática: educación pública, infraestructura, organización sindical, políticas sociales, expansión de la ciudadanía, descentralización y una concepción del petróleo como instrumento para financiar el desarrollo nacional.
No sería serio, sin embargo, convertir esa historia en una fotografía sin matices.
También hubo errores, prácticas que terminaron debilitando la relación entre partidos y sociedad, excesos de centralización, clientelismo y dificultades para interpretar a tiempo los cambios económicos y sociales del país.
Pero una organización política madura no reniega de su historia ni queda prisionera de ella: aprende.
Hoy debemos recuperar lo mejor de aquella tradición y dejar atrás aquello que contribuyó a alejarnos de la gente.
Porque ser adeco no puede significar vivir de la memoria de lo que fuimos, sino asumir la responsabilidad de demostrar lo que todavía podemos aportar.
Venezuela necesita una nueva etapa de reconstrucción democrática, y allí la socialdemocracia tiene mucho que decir.
La reinstitucionalización no puede reducirse a cambiar gobiernos: significa recuperar la independencia de los poderes públicos, reconstruir la justicia, devolverle legitimidad al voto, fortalecer el Parlamento, recuperar la descentralización y profesionalizar el Estado.
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