FOTO | Estados Unidos quiso sacar a Juan Vicente Gómez del poder #10Sep
En plena Primera Guerra Mundial, Washington llegó a considerar que el Benemérito presidente era un peligro para los intereses estadounidenses. La pregunta no era solamente cómo enfrentarlo, sino cómo apartarlo sin incendiar la paz de América Latina
Washington, invierno de 1918. En los despachos del Departamento de Estado , donde el humo de los cigarrillos se mezclaba con el olor del papel recién mecanografiado, Venezuela había dejado de ser una preocupación distante. La guerra que estremecía Europa había convertido al Caribe en un tablero estratégico y, en ese tablero, Juan Vicente Gómez ocupaba una casilla incómoda.
El general venezolano gobernaba desde 1908. Había construido un régimen centralizado, sostenido por el Ejército, por una extensa red de funcionarios leales y por una severa política contra sus adversarios. Pero ahora existía un problema adicional: mientras Estados Unidos combatía a Alemania, Gómez insistía en mantener la neutralidad venezolana y no ocultaba su admiración por la eficacia militar alemana.
En Washington comenzaron a preguntarse si aquella neutralidad era realmente neutral.
Estados Unidos había entrado en la Primera Guerra Mundial en abril de 1917 . Para entonces, la posición de Gómez resultaba cada vez más incómoda para la administración de Woodrow Wilson. El Gobierno venezolano no rompió relaciones con Alemania, y distintos informes diplomáticos estadounidenses hablaban de la influencia alemana en Venezuela, especialmente de sus intereses comerciales y de la actitud favorable del propio Benemérito Presidente hacia Alemania.
Existían, además, rumores que inquietaban a Washington. Uno de ellos sostenía que Alemania podía obtener una instalación naval o inalámbrica en Venezuela, incluso mediante un eventual arrendamiento de la isla de Margarita. No hay evidencia concluyente de que Gómez estuviera realmente negociando la entrega de Margarita a los alemanes; lo que sí está documentado es que esas sospechas circularon entre funcionarios estadounidenses y fueron consideradas suficientemente serias como para ser comunicadas a Washington.
Para Estados Unidos, el problema tenía varias capas. Estaba la guerra europea, estaba Alemania y estaba la seguridad del Caribe. Pero también estaba algo más difícil de manejar: la propia naturaleza del régimen gomecista.
La Venezuela de aquellos años no era una democracia estable que pudiera cambiar de gobierno mediante elecciones. Gómez había convertido el poder político en una estructura personal. La Constitución podía cambiar; los presidentes podían aparecer en el papel; pero el poder real permanecía en manos del general.
La idea de apartar a Gómez tampoco nació exclusivamente en los despachos estadounidenses.
Desde el exilio, dirigentes venezolanos intentaban convencer a Washington de que el régimen podía ser derribado. Uno de ellos fue José María Ortega Martínez, quien presentó ante funcionarios estadounidenses un cuadro sombrío de la situación venezolana. Aseguraba que unos 1.500 venezolanos prominentes estaban encarcelados y alrededor de 5.000 se encontraban en el exilio. También denunciaba la influencia alemana sobre Gómez.
Ortega Martínez no se limitaba a denunciar.
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