El rescate del Ince, por Noel Álvarez
El Instituto Nacional de Cooperación Educativa nació en 1959 como una de las obras más extraordinarias de la ingeniería institucional y social venezolana.
Concibió un puente de formación técnica y profesional para la juventud bajo la visión brillante del maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa.
Aquel modelo tripartito unió el esfuerzo del Estado, los trabajadores y el empresariado, transformando las contribuciones sobre la nómina en mano de obra calificada indispensable para el desarrollo industrial.
El panorama actual del instituto refleja la parálisis del aparato productivo nacional y el abandono de la formación técnica de calidad.
A pesar de que las empresas privadas continúan cancelando la contribución parafiscal obligatoria sobre su nómina, el centro educativo carece de capacidad operativa para dictar talleres o actualizar sus aulas.
La recaudación se convirtió en un impuesto confiscatorio que no genera contraprestación alguna en capital humano ni en oportunidades reales para la nación.
La politización excesiva y la burocracia desmedida desviaron los objetivos fundacionales de una institución destinada a garantizar empleo digno a la juventud.
Las aulas perdieron sus laboratorios, los instructores calificados emigraron por salarios paupérrimos y el catálogo de formación quedó completamente desactualizado frente a las demandas de la economía moderna.
Recuperar este espacio de capacitación técnica resulta una tarea impostergable para reconstruir el tejido social y la capacidad productiva de todo el país.
El rescate del instituto exige reestructurar su gobernanza para devolver la vocería decisiva al empresariado y a los sectores sindicales.
Quienes aportan el mayor porcentaje del financiamiento deben contar con mecanismos reales de auditoría y transparencia sobre los recursos recaudados.
Esta administración compartida garantizará que cada bolívar invertido regrese a la sociedad en forma de becas, infraestructura adecuada y certificaciones profesionales con verdadero valor dentro del competitivo mercado laboral actual.
Asimismo, resulta indispensable modernizar la oferta académica adaptándola a las exigencias tecnológicas del siglo XXI y a la vocación productiva de cada región.
La formación debe abarcar desde el mantenimiento industrial y la agroindustria hasta la programación, la logística y los servicios digitales.
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