Sobreprecios y fallas digitales complican el acceso al gas doméstico en zonas populares de Caracas
Caracas. En la parroquia Macarao, a Marta*, una educadora de 41 años, las cuentas no le cuadran al entrar a la cocina. Acumula un mes y medio limitada a preparar la comida en una hornilla eléctrica porque no logra reemplazar su bombona de gas. En su comunidad, la opción de adquirir un cilindro por vías comerciales o en el sector privado impone una tarifa que excede la capacidad de su bolsillo.
“Comprar un cilindro nuevo puede alcanzar un costo de 50 dólares, sin incluir el regulador. Mi sueldo es de apenas 250 bolívares más el bono de guerra. Aquí los ingresos no alcanzan para eso”, dijo la docente a Crónica Uno .
La experiencia de Marta refleja el principal obstáculo que sufren miles de familias en las zonas populares de Caracas: la brecha entre el precio oficial del gas licuado de petróleo (GLP) y los montos reales en divisas que deben desembolsar para mantener las cocinas encendidas.
Reportes de Crónica Uno y fuentes del sector revelan una paradoja: aunque el país alberga las mayores reservas de gas natural de América Latina, el suministro apenas cubre el 49 % de la demanda nacional.
A este escenario se suma una producción nacional estimada en apenas 15.000 barriles diarios de gas doméstico frente a una demanda que oscila entre los 40.000 y 50.000 barriles diarios, lo que genera un déficit estructural del 60 % en el abastecimiento.
Especialistas y organizaciones médicas han alertado que el uso prolongado de leña incrementa la aparición de afecciones respiratorias agudas como bronquitis y neumonía. Esto afecta principalmente a niños y adultos mayores, además de provocar procesos de deforestación local y sobrecargar el sistema eléctrico nacional.
El costo del gas en divisas golpea con fuerza a los adultos mayores y a las familias que sobreviven con un salario mínimo o una pensión. Aunque el combustible cuenta con subsidio estatal, en las comunidades los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) y las Mesas Técnicas de Gas fijan un cobro adicional para pagar a los choferes, a los caleteros y el combustible de los camiones repartidores, lo que eleva de forma drástica la tarifa final.
En zonas caraqueñas como Catia, Caricuao, La Vega y Macarao, el sobreprecio deja ver la dura carga económica que enfrentan los usuarios. Mientras el precio oficial de la bombona de 10 kilogramos se ubica entre 1,15 y 1,50 dólares, los vecinos terminan pagando entre 3,20 y 5 dólares por recarga.
Una distorsión similar ocurre con la presentación de 18 kilogramos: aunque la norma fija su valor entre 2,52 y 3,00 dólares, el costo real ronda entre 4,70 y 6,00 dólares. Para el cilindro de 43 kilogramos, regulado entre 4,81 y 5,23 dólares, el precio al público salta a un rango de 9,40 a 12,00 dólares.
El gasto se dispara aún más para quien tiene una bombona deteriorada y necesita una nueva. En el mercado privado, la compra o el canje de cilindros en buen estado a través de distribuidores, puntos de venta directa o plataformas digitales como Gas Caribe exige desembolsos de entre 30 y 50 dólares por unidad.
Esta realidad económica frena las iniciativas populares.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en cronica.uno — el contenido pertenece a Crónica Uno.