Julio César Pérez: Inversiones sí, pero no conolichicos
María Corina Machado ha sido clara y consistente: Venezuela necesita con urgencia volúmenes masivos de capital privado.
El país está destrozado, PDVSA es una sombra de lo que fue y el petróleo, como cualquier otro recurso, solo generará riqueza real cuando deje de ser un botín político y se convierta en un activo productivo bajo reglas de mercado.
Ella lo ha dicho sin ambages: queremos inversiones, pero no así.
No a cualquier precio ni bajo cualquier esquema.
El reciente acercamiento, acuerdo o pacto entre actores del régimen venezolano y Estados Unidos ha generado reacciones intensas.
Académicos, inversionistas, expertos petroleros, periodistas de distintos países y, sobre todo, la inmensa mayoría de la sociedad venezolana han cuestionado abiertamente los términos y la opacidad de estos entendimientos.
Todos han subrayado lo mismo desde una perspectiva crítica: no basta con anunciar inversiones; lo que importa es cómo se estructuran, a quiénes se les asignan y bajo qué condiciones se adjudican.
El argumento maniqueo que circula es tan previsible como falso: “Si critican este pacto, entonces no quieren inversión privada, son socialistas o quieren seguir dependiendo del Estado”.
No.
Ese es un falso dilema.
Quienes defienden el libre mercado no rechazan el capital privado; rechazan el capitalismo de amigos, el clientelismo y la selección discrecional de inversionistas cercanos al poder.
Eso no es libre mercado; es un reacomodo de privilegios.
Es, en criollo, el regreso de los bolichicos.
En un verdadero sistema de libre mercado no hay procesos de selección opacos ni socios preferidos.
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