¿El robo como pretexto de rescate?
Aludir al robo como hecho o pretexto para encubrir acciones de rescate en eventos de riesgo socio-natural, constituye un tema poco tratado.
Quizás, por las respectivas implicaciones, traumas emocionales, confusiones conceptuales o problemas de orden legal, social y cultural que su realidad genera.
A propósito de lo recientemente ocurrido, por causa del par de terremotos que azotaron importantes zonas del centro-occidente y litoral central de Venezuela, el pasado 24 de junio, esta disertación busca referir el caos vivido.
Que si bien no sólo destacó el desempeño de reconocidos grupos de rescatistas nacionales y extranjeros, especializados en rescate de sobrevivientes atrapados entre los escombros que resultan de incidentes sísmicos o comprometidos por las consecuencias de tipo de causa de arriesgados y alarmantes impactos, también dejó ver la notable y grave ausencia de medidas de control situacional dirigidas a prevenir delitos, hurtos saqueos, exfoliaciones, en lugares de contingencias.
Casi siempre cometidas dichas transgresiones por quienes, haciéndose pasar por “voluntarios”, cometen fechorías cuya perversidad es propia de la más iracunda vileza contra la dignidad, el respeto, la moralidad y la consideración que debe ofrendar ante la conmoción de la tragedia consumada.
Dilema interno El cuestionamiento que esta disertación intenta traer a colación, no sólo emplaza y condena la desviación delictiva que puntualiza los desmanes de civiles que, con el pretexto de “colaborar” con las labores de rescate que la situación en específico reclama, incurren en hurto de ahorros. apropiación indebida de pertenencias de bienes, mercancías, valores o dinero.
Pero sumado a estos desalmados zagaletones, la presencia autoritaria de uniformados, sean militares o miembros (envalentonados) de cuerpos policiales regulares, corrompe la labor humanitaria, profundiza el daño social, transgrede y profana la esencia del significado de cultura, moralidad, respeto, dignidad y consideración que merece y ennoblece tan críticas circunstancias.
Dicho de otra forma, la aberrante vileza o vil aberración que representa la mencionada desviación delictiva, representa un estado de total carencia de urbanidad, educación y civismo.
Y que, pone de bulto, la irreverencia, el desprecio y circunspección que estos transgresores disfrazados de supuesta bondad, evidencian cuando actúan con el atrevimiento de cual forajido, agresor, bandolero o impúdico ladrón es o son.
Aunque, luce casi imposible conseguir el calificativo que mejor o peor describe tan miserable actitud.
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