Dos terremotos, dos Estados
Hay tragedias que no sólo ponen a prueba a los gobiernos, sino que, además, ponen al descubierto la calidad de esos Estados.
Como los terremotos.
Tomemos, por ejemplo, los que han sacudido recientemente a Venezuela y Colombia.
Un terremoto, por supuesto, no pregunta quién gobierna.
No distingue entre izquierda y derecha, entre oficialistas y opositores.
No le importa quién ocupa el Palacio de Miraflores o la Casa de Nariño.
La tierra tiembla y, en cuestión de segundos, todo cambia.
Pero, perooooo, después del terremoto, aparece una diferencia fundamental: la capacidad del Estado para responder.
En este artículo quiero comparar lo ocurrido en Venezuela y Colombia.
Y no, no es para hacer política con el dolor.
Todo lo contrario: es para entender por qué dos países latinoamericanos sometidos a una tragedia natural similar respondieron de maneras tan distintas En Venezuela, el terremoto del 24 de junio dejó al descubierto una realidad que ya conocíamos, pero que la tragedia hizo imposible ocultar ante todo el mundo: que el país no estaba preparado de manera alguna para hacerle frente a una emergencia de semejante magnitud.
Porque no basta con tener funcionarios, uniformes, vehículos.
Mucho menos declaraciones oficiales.
Un rescate exige otras cosas que aquí en Venezuela no hubo: equipos especializados, protocolos, comunicaciones, logística, entrenamiento, coordinación entre organismos y, sobre todo, instituciones que sepan qué hacer antes de que ocurra la emergencia, porque las primeras horas después de un terremoto son decisivas.
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