Curazao vuelve a mirar hacia el petróleo de Venezuela
La refinería Isla domina el interior de Willemstad, Curazao, con sus depósitos y chimeneas sin humo. (Jorge Benezra/ABC) El presidente Donald Trump anunció el 28 de agosto un acuerdo para reservar a Estados Unidos la producción de varios campos venezolanos, sin revelar el contrato, la estructura jurídica ni las empresas.
En una alocución a la nación posterior, Delcy Rodríguez sostuvo que durará 25 años, abarcará 17 campos y buscará superar los 1,5 millones de barriles diarios.
“Tener recursos bajo tierra no es suficiente”, dijo.
Según ella, Venezuela aportará petróleo, industria y experiencia, y Estados Unidos, capital y tecnología.
Nada de lo divulgado incluye a Curazao.
Por Jorge Benezra | ABC Sobre el papel, el músculo impresiona.
Del lado venezolano, Amuay y Cardón, situadas en la península de Paraguaná, en el estado Falcón, forman un complejo con capacidad nominal para procesar 955.000 barriles diarios, uno de los mayores del mundo.
Frente a ellas, en Curazao, Isla añade otros 335.000.
Entre las refinerías venezolanas y la planta curazoleña suman cerca de 1,29 millones de barriles diarios de capacidad instalada.
No es producción disponible: Paraguaná funciona muy por debajo de su diseño e Isla no refina.
Curazao ofrece geografía y capacidad, pero necesita contratos y capital para competir con las refinerías de EEUU en el golfo de México.
Para Washington, según varios expertos consultados, la utilidad inmediata está en aumentar el suministro de crudo pesado a las refinerías del golfo de México, preparadas para procesarlo.
Isla y Bullenbaai pueden competir por almacenamiento, mezcla, transbordo, asfalto y bases lubricantes.
También pueden quedar fuera si los barriles salen directamente de Venezuela hacia Texas y Luisiana.
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