Problemas lexicales, por Aglaya Kinzbruner
X: @kinzbruner En vista de los rumores basados en medios extranjeros, porque los locales ni pío, de que Venezuela se encontraba en un estado totalmente caótico, Estados Unidos decidió unilateralmente enviar al país a Superman.
La escogencia de este último se debió a múltiples razones.
Era periodista, cosa que lo recomendaba en cuanto a su amor por la verdad; segunda, podía volar, cosa no despreciable por el estado actual de Maiquetía, el mayor aeropuerto de la ciudad capital y, en tercer lugar, podría hacer un diagnóstico claro de lo que sucedía allí en vista de sus habilidades bilingües siendo que en Venezuela se hablaban o se hablan cuatro idiomas, el inglés, el inglés machucado, el español y el español machucado.
Era conocida su habilidad de hacer un diagnóstico claro y contundente que señalaría el camino a tomar.
Ese diagnóstico no se hizo esperar.
El país –dijo– presenta una anomia severa lexical.
Toda la cúpula mandante padecía de esa severísima falla.
Había palabras que nadie entendía y, lógicamente, no podían actuar de consecuencia. –Uno no sabe –dijo– si era ignorancia pura y dura o quizás un no querer queriendo entender las cosas, por ejemplo, varias de las 12 agencias de seguridad habían tratado delicada y diplomáticamente de tocar el tema del mantenimiento, pero nada que hacían algo.
Le habían dicho más de una vez cómo era posible que hubiesen dejado caer en el abandono más completo la compañía eléctrica de la cual dependía el país, el desarrollo agrícola, industrial y un largo etcétera, pero nada, les cambiaban la conversación y les dijeron que la culpa la tenía una iguana que comía cable. *Lea también: Alí Babá y la reconciliación, por Aglaya Kinzbruner Se subía ágilmente a lo más alto de las instalaciones y se comía todo eso con más gusto que si fuera Pasta Alfredo.
Por supuesto que siendo la iguana vegetariana, para su supervivencia siempre habría que darle unas hojitas de acelga, eso sí con aceite de oliva y vinagre balsámico.
Uno de los ingenieros, mayamero por cierto, presente en la reunión que se tuvo que convocar para resolver el problema, quien no había entendido todavía cómo se estaba desarrollando la cosa derechito hacia un submarino llamado Saboteo, empezó a contar cómo en Florida se comen las iguanas, las hierven primero, luego les quitan la piel y al rato las cocinan en una salsa exquisita con sofrito, passata y un poquito de vino blanco, y terminan con un saborcito como pollito fresco.
Al poco tiempo, la delegación extranjera pudo darse cuenta que había palabras que de usarlas mucho causaban tremenda urticaria.
La peor palabra era sin duda el mantenimiento.
Había una chica joven en la reunión que fungía como traductora tanto consecutiva como simultánea y dejó muy claro lo poco que se tenía en cuenta el mantenimiento.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en talcualdigital.com — el contenido pertenece a TalCual.