Román Chalbaud: creer desde el arte
Desde la dirección de cine, la dramaturgia y la dirección teatral y de televisión, Román Chalbaud nos ha asombrado para hacernos creer en sus ficciones.
Estas, desde un realismo con inclinación a la alegoría para tratar hechos políticos y existenciales, abrieron “un hueco profundo desde donde mirarnos”, como dijo el mismo maestro en una de sus facetas menos conocidas: la de poeta.
El 10 de octubre de 1931 nació Chalbaud en la ciudad de Mérida, lugar del que guardó pocos recuerdos dado que solo vivió allí hasta los cinco años de edad.
Sin embargo, un hecho que lo marcó ocurrió a través de la gran pantalla: la aparición del monstruo de Frankenstein, que lo horrorizó y lo hizo salir corriendo de la sala.
Según una entrevista de 1982, preservada en el libro “Román Chalbaud: un cine de autor” (1984), de Álvaro Naranjo, el mismo director manifestó que este suceso lo hizo consciente de que “creía en aquellas imágenes que veía en el cine”.
La creencia como estado mental es una de las huellas fundamentales de su obra cinematográfica y dramática.
Chalbaud logró construir historias impregnadas de una profunda verdad extraída de nuestra propia realidad, remarcadas con la fuerza de la ficción.
Su pasión siempre fue el cine.
Foto archivo MPPC TV, teatro y cine En la TV, dada su pasión, logró destacar cuando apenas iniciaba este medio en el país.
En la Televisora Nacional, tras una labor de cinco años, es ascendido como director artístico, destacándose en las teleseries “El cuento venezolano televisado” y “Teatro en el tiempo”.
Ese período, precedido por su visita a los rodajes de Bolívar Films y su trabajo como asistente del director mexicano Víctor Urruchúa, le sirvió como experiencia para demostrar su talento, como en la icónica “Caín adolescente” (1959).
En 1967, junto a los dramaturgos Isaac Chocrón y José Ignacio Cabrujas, entre otras figuras, funda la agrupación teatral El Nuevo Grupo.
Escribió numerosos guiones, principalmente basados en sus piezas teatrales.
En la década de 1970 estrena sus películas esenciales: “La quema de Judas” (1974), “Sagrado y obsceno” (1976) y “El pez que fuma” (1977), en las que retrató a personajes bellos y trágicos inspirados especialmente en la gente marginada del pueblo venezolano.
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