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Síndrome del ministro o “zapatero a su zapato”

Primicia ·

No quisiera caer en una desafortunada opinión, y, menos herir susceptibilidades, pero creí necesario expresar algunas ideas acerca de lo que llamaría el “síndrome del ministro”.

Se trata de una especie de simbiosis política intencionada que la identificaría en este caso con esa pésima práctica definida especialmente como clientelismo o amiguismo, y los puestos resultantes suelen llamarse popularmente “cargos a dedo”, “enchufes”, entre otros, que al final conducen al quiebre de la meritocracia.

En el espacio de la administración pública, en la mayoría de las veces si un individuo ocupa un cargo para el que no tiene la capacidad ni la profesión adecuada, se generan incompetencias que afectan a la sociedad.

En estos tiempos de gran complejidad en Venezuela y todo un esfuerzo en la transición de un régimen dictatorial a uno democrático, se nota una gran incertidumbre en todos los ámbitos de la sociedad, sobre todo, en materia de Educación como eje fundamental para el desarrollo científico cultural de los venezolanos.

Históricamente, existe la premisa que un maestro deontológicamente hablando, debe poseer toda una formación profesional como factor determinante para la calidad del sistema educativo, ya que transforma la vocación empírica en una práctica científica, técnica y ética de alto impacto.

Un docente bien formado no solo domina su materia, sino que posee las herramientas necesarias para asegurar que todos sus estudiantes aprendan, adaptándose a sus realidades individuales y sociales.

El propósito fundamental de este artículo fue dilucidar críticamente la situación que se ha venido presentando a nivel de los distintos gobiernos venezolanos en la escogencia de los profesionales adecuados a cada una de las funciones y actividades de ministerios u otras instituciones de alto nivel gubernamental.

Siempre ha sido parte de un debate la formación y la idoneidad profesional de los ministros y altos cargos en la administración pública venezolana es un tema complejo, con opiniones intensamente divididas que reflejan la polarización política del país.

En ese sentido, me referiré en especial al Ministerio de Educación, que en la actualidad oficialmente lleva el calificativo tan vasto de “Ministerio del Poder Popular para la Educación (Mppe)”, correspondiente a la Educación Inicial, Educación Primaria, Educación Media (Media General, Media Técnica).

En estas líneas no trato sobre el Ministerio de Educación Superior de Venezuela porque, aunque se vinculan estrechamente, existe una dicotomía centrada en que, si bien ambos comparten el fin de desarrollar el talento nacional, la naturaleza pedagógica, administrativa y social de cada subsistema evidencia que sus máximas autoridades posean perfiles y competencias técnico-profesionales particulares.

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