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Sándor Márai: el poder de una palabra

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Sándor Márai: el poder de una palabra

Un escritor atraviesa el silencio Diciembre de 1944 en la provincia de Budapest.

Un hombre camina por la ribera del Danubio y se abre paso entre los tanques del recién llegado Ejército Rojo.

Sin salvoconducto, sin credencial alguna, solo porta una palabra que parece tener un efecto mágico: “Pissatel­”, “Pissatel”.

El sujeto de la contraseña no es un miembro de la KGB, ni un aliado de los soviéticos, ni mucho menos un traficante de guerra.

Se trata de Sándor Márai, el notable intelectual húngaro.

Su infalible contraseña “Pissatel” traduce en ruso “Escritor”.

Márai había escuchado durante la ocupación Nazi toda clase de leyendas sobre los bolcheviques y se vio atraído por una según la cual los comunistas profesaban un respeto reverencial por los escritores.

Bajo el manto de esa seña los hombres eran inmunes a ciertas humillaciones cotidianas propias de la guerra.

La leyenda no era infundada y lo iba a descubrir muy pronto.

El frío decembrino rimaba con el de la muerte y a esos dos inviernos que pesaban sobre los cansados hombros del poeta se sumaba un exilio interior.

Hacía más de un año que Sándor, en modo de protesta por la ocupación alemana que contó con la venía de sus coterráneos fascistas, había clausurado su oficio.

Sin duda, su ausencia como escritor e influyente periodista se hizo notar.

Este escandaloso silencio solo fue superado por el ruido de las bombas que lo obligaría a abandonar junto a su mujer, el pequeño Jonás y un par de libros esenciales, su mansión de la calle Mikó.

Sin embargo, las circunstancias lo obligaban a investir, como quien usa un escudo antimisiles, ese vocablo que en todos los idiomas tenía un solo significado para él: destino.

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