La paradoja de vivir a oscuras en la cuna hidroeléctrica de Venezuela
Edwin Rosal Vásquez Una crisis de interrupciones eléctricas sistemáticas mantiene en zozobra permanente a las comunidades de la parroquia Unare, en el municipio Caroní.
Por Correo del Caroní En sectores del Eje Atlántico como Los Corales I, Villa Jade, Villa Upata y Las Casitas del Core 8, la población enfrenta fallas diarias que han dejado de responder a esquemas formales de racionamiento para convertirse en suspensiones continuas del suministro.
La electricidad interrumpe su curso al menos cada dos horas y los cortes se prolongan entre treinta minutos y una hora por evento, alcanzando recurrencias de hasta dos apagones en una sola jornada, incluso hasta entrada la noche.
La afectación directa a los grupos más vulnerables evidencia el detrimento progresivo en las condiciones mínimas de habitabilidad.
En estas comunidades residen aproximadamente cien adultos mayores y doscientos niños, entre los cuales se encuentran menores con condiciones médicas especiales que requieren de manera indispensable el uso de aparatos eléctricos para sus tratamientos y cuidado diario.
La inestabilidad en el flujo de energía no solo impide la normalidad comunitaria, sino que expone a un riesgo crítico la salud de estas personas, generando un estado de alerta constante entre las familias.
Desde una visión estrictamente técnica y social, Solange Tirado, urbanista e integrante de la comunidad de Los Corales I, califica el panorama como insostenible.
La especialista destaca la contradicción estructural que representa sufrir deficiencias energéticas severas e interrupciones prolongadas en el estado Bolívar, región donde se genera entre el 60 y 70 por ciento de la energía hidroeléctrica que abastece a todo el país.
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