¡Rescatemos a quienes hundieron a Venezuela!
corrupción Del lat. corruptio, -ōnis. f.
Acción y efecto de corromper o corromperse. f.
Deterioro de valores, usos o costumbres. f.
En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de las funciones de aquellas en provecho de sus gestores.
Diccionario de la lengua española de la RAE La corrupción imperante en nuestro país durante la sucesión de “salvadores” de los últimos 27 años ha adoptado varias formas reconocibles.
Una de ellas ha ido desde una versión del “plata o plomo” de Pablo Escobar, usualmente planteada a personas con algún poder relativo, hasta la distribución de “migajas” entre individuos de poca importancia individual.
Operando entre esos extremos, aparte de lograr que los receptores hicieran lo que se les pedía, convertían en cómplices a quienes recibían los beneficios.
Los privilegios iban desde conseguir negocios o conservar un cargo hasta recibir franelas, comida o pago por asistir a manifestaciones “espontáneas”.
Quienes se beneficiaban con el trato diferencial estaban conscientes de que otros a su alrededor no disfrutaban de las mismas ventajas.
Al mismo tiempo que se sentían la versión criolla del “pueblo elegido” sabían que quienes se quedaban sin la caja CLAP, el bono, el ascenso merecido, los electrodomésticos de “Mi Casa Bien Equipada”, o cualquier otra ventaja estaban siendo discriminados por razones políticas, no por falta de méritos.
Quienes fueron amenazados con represalias si cumplían con sus obligaciones (por ejemplo, jueces o juezas) quizás se justificaron inicialmente por las posibles consecuencias negativas pero se acostumbraron a los premios y terminaron adaptándose a la rutina de seguir órdenes que sabían ilegales.
Algunos de ellos (y ellas) llegaron no solo a procurarse ganancias extra exprimiendo directamente a quienes afectaban sino incluso a disfrutar de su rol en los atropellos.
Otra muy clara modalidad de corrupción era brindar la oportunidad de malversar, dejar hacer y luego usar las pruebas de los delitos para extorsionar lealtad.
Al menos desde el Plan Bolívar 2000 fue evidente, para todo el que quisiera ver, que a cambio de utilizar los fondos de los proyectos para beneficio personal los encargados tenían que cumplir con lo que se les exigiera.
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