Los expertos en psicología coinciden: un perro puede aportar compañía, rutina y beneficios para la salud mental en momentos de soledad
La convivencia con un perro puede aportar compañía, actividad física y una rutina de cuidado, tres elementos que distintas investigaciones vinculan con el bienestar emocional y una menor sensación de soledad .
Los resultados no indican que esto sustituya un tratamiento psicológico, pero sí describen beneficios potenciales del vínculo cotidiano entre personas y animales de compañía.
En una revisión publicada en Psychology Today , la investigadora y autora Diane Dreher reunió estudios sobre los efectos físicos y emocionales asociados a la relación con perros.
La evidencia incluye trabajos sobre ansiedad, depresión, estrés, apego infantil, adultos mayores y terapias asistidas con animales .
Los paseos y las rutinas pueden aportar estructura a la vida diaria Cuidar un perro supone atender horarios de alimentación, higiene, juego y paseos.
Esa secuencia de tareas puede ordenar el día y favorecer que las personas salgan de casa con frecuencia .
La actividad física vinculada a los paseos es uno de los factores que la literatura asocia con efectos positivos sobre el estado de ánimo.
Además, los recorridos con el animal pueden facilitar contactos breves con otras personas en plazas, veredas o parques .
Para quienes viven solos, la presencia regular de un animal puede reducir la percepción de aislamiento y ofrecer una razón concreta para sostener hábitos cotidianos.
Según la revisión, los tutores suelen declarar mayor compañía, propósito y estructura .
En el caso de los adultos mayores, esos factores adquieren relevancia cuando existen menos oportunidades de interacción social o una red de apoyo limitada.
El animal no elimina las causas de la soledad, pero puede modificar la experiencia diaria de quien la atraviesa.
Varios estudios relacionan el vínculo con una menor respuesta al estrés Entre los trabajos citados aparece una revisión de Andrea Beetz, Kerstin Uvnäs-Moberg, Henri Julius y Kurt Kotrschal , publicada en 2012, sobre los posibles efectos de las interacciones entre humanos y animales.
Los autores analizaron mecanismos biológicos que podrían explicar por qué el contacto afectivo con un animal se relaciona con una mayor sensación de calma en algunas personas.
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