Cavallo vs. De Pablo: claves del debate sobre un “crecimiento demasiado lento”
Hace unos días Domingo Cavallo, que hacía tiempo que estaba en silencio, lo abandonó para hacer una recomendación al gobierno que fue por lo menos polémica: sugirió que le convenía tener un poco más de inflación pero crecimiento más alto.
Podríamos crecer al 8 en vez de al 3, si se suelta el dólar y se bancan unos meses con índices de precios un poco más altos, recomendó, palabras más palabras menos.
Claro, le puso números al plus de crecimiento que podría así alcanzarse, pero no al plus de inflación que haría falta, según él, para crecer más rápido.
Y evitó dar esa mala noticia recordando que con la Convertibilidad se creció a ese ritmo ahora inalcanzable, al menos un par de años, con inflación mucho más baja que la actual.
Lo que es totalmente cierto.
Pero al precio de tener un cambio fijo y con una regla super rígida, que luego sería costosísimo modificar, más un déficit fiscal remanente (salvo el muy excepcional año 1992) que a la larga haría crecer de nuevo la deuda a niveles también demasiado altos, y con una montaña de dólares de las privatizaciones, que en la primera mitad de los noventa permitieron gastar a manos llenas.
Ahora no está esa plata.
Sí está Vaca Muerta , pero afortunadamente es de los privados, no del fisco.
Y por suerte también hay cambio flotante, con cada vez menos restricciones, y esa flexibilidad puede evitarnos chocar contra una pared como sucedió en 2001.
Pero la discusión más importante que proponía Cavallo era la primera: “Cuánta más inflación sería necesaria para crecer más”.
Y fue sobre ese punto que intervino Juan Carlos De Pablo para advertir que no convenía siquiera abrir esa posibilidad: tentarse a jugar con ese cálculo sería tomar un riesgo inútil, sostuvo en una entrevista, porque apenas Milei anunciara que está pensándolo, la inflación se aceleraría y la actividad se derrumbaría, porque “los que ahora le creen dejarían de hacerlo y los que ya no le creen desconfiarían aún más”.
El problema de la confianza, su escasez crónica para las políticas económicas argentinas y la necesidad de apuntalarla para sostener un curso más o menos consistente es siempre medular en nuestros planes de estabilización.
Y De Pablo lo recordó oportunamente, para advertir que tal vez se pueda hacer algo más para estimular la actividad, como ya están intentando Caputo y su gente, pero no mucho más, y sin aspavientos que minen la confianza.
Es decir, sin debilitar el compromiso de mantener la inflación lo más baja posible.
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