Las siestas largas y frecuentes pueden ser una señal de alerta pasados los 50 años, según Harvard
Para muchas personas, la siesta es una necesidad para recuperarse de los efectos nocivos de un sueño nocturno insuficiente, mientras que para otros es una cuestión cultural que no tiene por qué estar relacionada con un estado de cansancio .
Como sea, para la mayoría, la siesta es un verdadero placer.
Sin embargo, está siendo cada vez más objeto de estudio por su relación con la salud física y cerebral.
Ahora una nueva investigación liderada por la Universidad de Harvard revela que, a medida que las personas envejecen, las siestas pueden constituir un indicio de alerta fácil de detectar de posibles afecciones subyacentes o de un deterioro de la salud.
Los investigadores que llevaron a cabo el trabajo publicado en JAMA Network Open realizaron un seguimiento de 1.338 adultos mayores de 50 años durante un periodo de hasta 19 años para analizar sus hábitos de siesta y las tasas de mortalidad asociadas y descubrieron que las siestas más largas, más frecuentes y matutinas se asociaban con tasas de mortalidad más elevadas.
La siesta no debe ser extensa. (Foto: Adobe Stock) Qué mostró el estudio Las siestas excesivas en la tercera edad se relacionaron con la neurodegeneración , las enfermedades cardiovasculares e incluso una mayor morbilidad, pero muchos de esos hallazgos se basan en hábitos de siesta autoinformados y dejan de lado parámetros como cuándo y con qué regularidad se producen esas siestas, afirmó la Dra.
Chenlu Gao, investigadora del Departamento de Anestesiología y de la División de Trastornos del Sueño y Circadianos del Mass General Brigham.
“Nuestro estudio es uno de los primeros en demostrar una asociación entre los patrones de siesta medidos objetivamente y la mortalidad, y sugiere que el seguimiento del tema tiene un inmenso valor clínico para detectar precozmente problemas de salud”, añadió.
Una pequeña siesta puede ser revitalizante. (Foto: Adobe Stock).
Según los investigadores, entre el 20% y el 60% de las personas mayores duermen la siesta.
Si bien las siestas ocasionales pueden resultar reparadoras, las siestas diurnas excesivas en la tercera edad se relacionaron con una amplia gama de problemas de salud.
Otras conclusiones Entre las conclusiones del trabajo, se destaca que cada hora adicional de siesta diurna se asoció con un riesgo de mortalidad aproximadamente un 13% mayor; cada siesta adicional al día se asoció con un riesgo de mortalidad aproximadamente un 7% mayor y las personas que dormían la siesta por la mañana tenían un riesgo de mortalidad un 30% mayor en comparación con las que lo hacían por la tarde.
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