Tres definiciones que Kicillof elude y Cristina le quiere imponer, ahora amenazando candidatearse
Kicillof volvió a hacerlo.
Reunió a su tropa, el Movimiento Derecho al Futuro, en la UTN de Villa Domínico, y repitió tanto el escenario como el discurso que había ofrecido, semanas antes, en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA: muchos jóvenes universitarios celebrándolo y cobijándolo como uno de los suyos, mucho discurso progresista en clave Conicet sobre los problemas sociales “provocados por la motosierra mileista”, muy poca gestión y nula presencia del aparato peronista.
Y de nuevo, lo más sorprendente, sus silencios.
Reveladores de los asuntos que no quiere encarar ahora , para que no compliquen su instalación como candidato natural, inevitable, del antimileismo.
Para empezar, ni una sola mención a cómo resolvería los problemas macroeconómicos del país, si continuaría o no, o en qué medida y de qué forma, las políticas de estabilización en curso.
Es decir, las preguntas que más interesan a los mercados, a los inversores externos e internos y, lo más importante de todo, a la gran mayoría de los votantes que dudan de apoyar o no la reelección de Milei, y van a decidir los resultados el año próximo.
De todo eso, es decir, de lo esencial, entiende que lo mejor es no decir absolutamente nada, al menos hasta que la campaña esté muy avanzada, y lo que él cree va a suceder entonces, el descrédito de las políticas oficiales sea ya irreversible.
En segundo lugar, Kicillof no dice ni mu sobre la interna de su partido, la ignora por completo.
Dando a entender que para él no existe, o no es su problema, y que la mejor respuesta a los ataques que recibe del cristianismo es el silencio.
Porque, desde su perspectiva, interna en verdad no va a haber: la candidatura caerá inevitablemente en sus manos, es cuestión de esperar a que los demás sectores del partido se resignen a ella , y “vayan al pie” a la hora de negociar las listas.
Cosa que, obviamente irrita sobremanera a todos esos sectores partidarios, y en particular a Cristina y los suyos, que estuvieron haciendo exactamente ese juego a costa de las demás facciones en los últimos veinte años.
Por último, y por lógica consecuencia, tampoco Kicillof habla de su candidatura.
Porque si lo hiciera no ganaría nada, todo el mundo ya sabe que va a postularse, y perdería la libertad de maniobra de que hoy dispone para evitar definiciones en los dos asuntos anteriores.
Así, como candidato “virtual” pero “inevitable”, cree que puede conectar con un público más amplio que el de su grupo de origen y pertenencia, evitar que los aparatos del peronismo lo entornen, y sumar adhesiones por la simple fuerza mecánica que produce la caída en desgracia del oficialismo.
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