El silaje de maíz: una reserva estratégica para la ganadería moderna
En un contexto productivo cada vez más atravesado por la incertidumbre climática, la volatilidad de los mercados y la necesidad de maximizar la eficiencia en el uso de los recursos, el silaje de maíz se consolidó como una de las herramientas más importantes para sostener la productividad de los sistemas ganaderos argentinos.
Durante las últimas tres décadas, la adopción de esta tecnología ha crecido de manera sostenida.
Lo que originalmente fue una práctica asociada principalmente a los tambos, hoy tiene un papel central en establecimientos de cría, recría, engorde a corral y sistemas mixtos.
La razón es simple: el silaje permite transformar un cultivo agrícola en una reserva estratégica capaz de aportar energía, fibra y estabilidad nutricional durante todo el año.
Más allá de las diferencias entre un rodeo lechero y uno destinado a la producción de carne, ambos comparten un mismo desafío: asegurar una oferta de alimento suficiente y de calidad para atravesar períodos donde las pasturas o los verdeos no alcanzan a cubrir los requerimientos animales.
Javier Preciado Patiño, consultor: “Se corta una racha de 12 años sin nuevas inversiones en soja” En los sistemas de producción de leche, el silaje de maíz suele representar una proporción importante de la dieta, aportando fibras digestibles y energía de manera constante.
En los planteos de carne, por su parte, se ha convertido en un recurso clave para acelerar ganancias de peso, mejorar la eficiencia de conversión y sostener cargas animales más elevadas.
Sin embargo, detrás de cada silo exitoso existe mucho más que una buena campaña agrícola.
La calidad final del forraje comienza a construirse muchos meses antes de que la picadora ingrese al lote.
La planificación comienza en el corral Uno de los errores más frecuentes en los sistemas ganaderos consiste en definir la superficie destinada a silaje según la disponibilidad de tierra y no según las necesidades reales del rodeo.
En realidad, la primera pregunta debería ser cuántos kilogramos de materia seca necesitarán los animales durante el año.
A partir de allí es posible estimar cuántas toneladas de silaje habrá que producir y, recién entonces, determinar la superficie necesaria para alcanzar ese objetivo.
En un tambo, esta estimación contempla vacas en ordeñe, vacas secas, vaquillonas y recría.
En una empresa de carne debe considerar vacas de cría, categorías de reposición, recrías pastoriles y animales en terminación.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Economía.