Montañismo: 4 testimonios de los que se animaron a hacer cumbre en las picos más famosos del mundo
“Subir una montaña te hace pasar por todos los estados de ánimo.
Arrancás con ilusión y adrenalina mientras preparás la expedición; una vez arriba, pasás de la fascinación absoluta por los paisajes que ves a tener que poner la cabeza totalmente fría y enfocarte porque estás en una situación de riesgo permanente”, cuenta Pitu Manfredi, de 42 años, programador y amante del montañismo , una actividad que, según dice, lo conecta consigo mismo y con la naturaleza.
Su devoción por esta actividad arrancó hace 12 años, después de haberlo soñado durante mucho tiempo junto a su hermano y un íntimo amigo, con quienes hace todas las expediciones.
Su primera cumbre fue en el cerro Champaquí, en Córdoba (2790 metros), a la que define como una experiencia que les dejó miles de anécdotas y aprendizajes: “Fuimos con ropa y equipo prestado, no teníamos prendas técnicas, tampoco sabíamos ajustar la mochila.
Todo demasiado improvisado.
Sin embargo, nos despertó una nueva pasión y nunca más paramos”, recuerda Manfredi.
A partir de ese momento y a sabiendas de que querían continuar haciendo esta actividad, empezaron a capacitarse y a entrenar.
Así, sus objetivos comenzaron a ser cada vez más ambiciosos .
En el plano local, cumplieron el sueño de hacer cumbre en el Aconcagua (6960 metros) y a nivel internacional recorrieron la Cordillera Real, en Bolivia, “donde hicimos cumbre en el Huayna Potosí con una altura de 6088 metros, el Condoriri de 5700 metros y el Pequeño Alpamayo de 5400 metros”, detalla.
Y hace dos años logró uno de sus grandes objetivos: subir el Denali, una montaña ubicada en Alaska, considerada la más alta de Norteamérica con una altura de 6190 metros, “con paisajes alucinantes y un terreno muy técnico con glaciares y grietas”, revela Manfredi.
Aquella expedición que duró 15 días, “la hicimos sin guía, fue totalmente autónoma y autosuficiente”, expresa este montañista.
La montaña es para muchos una pasión difícil de poner en palabras y a la que vuelven una y otra vez.
Allí, en la altura y en el medio de la inmensidad, donde el ser humano de golpe se vuelve ínfimo, son muchos los que encontraron una fascinación que trasciende la exigencia deportiva , marcada por la resiliencia, el sacrificio y la superación personal.
“Creo que acá está la esencia de todo montañista .
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