Una semana entre Uber y deliverys: “Es lo que hay”, la frase que repiten los que sobreviven gracias a las app
Durante una semana, subo y bajo de todos los UBER que puedo y pido delivery con mayor frecuencia para conversar con choferes y repartidores .
Qué foto de la realidad se puede construir a partir de cada charla: es una imagen que mezcla resignación con pujanza .
Un “no queda otra, esto es lo que hay”.
Poca queja, una sensación ambivalente de que podría ser peor, pero “por suerte la época provee esta solución” y hay que agarrarla.
Las charlas no se politizan, hay aceptación más que reclamos.
El hombre que trae una pizza el domingo a las nueve de la noche promedia los 60 años, la entrega y se presta a la conversación: “No pedaleo más, por suerte la bici tiene este motorcito, ya estoy grande…”, dice.
Completa con los repartos el sueldo bajo que percibe como empleado de una carpintería.
“Los fines de semana le meto más… junto 300 mil pesos”, confiesa.
En muchos de los UBER, al volante vienen choferes venezolanos.
La mayoría de los que son migrantes cumplen entre 10 y 12 horas arriba del auto .
Los choferes argentinos, en cambio, siempre según la experiencia de quien escribe, usan la aplicación para ganar un extra y completar el salario principal , que no les alcanza.
A medida que pido, percibo que los autos llegan cada vez más rápido.
Pareciera haber una mayor disponibilidad en todo momento.
El teléfono marca en el mapa un cardumen de autos disponibles en la zona.
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