La transformación no se improvisa
No creo en la tecnología por la tecnología en sí.
Me interesa cuando evita que una persona pierda una mañana para resolver un trámite, cuando permite responder una consulta al primer intento o cuando ayuda a que un equipo público tome una mejor decisión.
Ahí la innovación deja de ser una palabra y empieza a devolver algo concreto: tiempo.
Durante años, las personas adaptaron su vida a servicios cada vez más simples e inmediatos, pero todavía aceptamos que relacionarse con el Estado implique repetir información, esperar respuestas por tiempo indeterminado o no saber quién se hace cargo.
La inteligencia artificial no resuelve eso por arte de magia.
Sí nos da una oportunidad extraordinaria para rediseñar procesos y construir un Estado que entienda mejor, responda antes y haga perder menos tiempo.
Ignorar esa oportunidad sería irresponsable.
Usarla sin reglas, también.
Por eso en la Ciudad elegimos un camino más exigente: avanzar ahora y hacernos cargo de cómo se usa, para qué se usa y quién responde por sus resultados.
La decisión: avanzar y hacernos cargo Con la firma del decreto 97/26, Jorge Macri convirtió la inteligencia artificial en una decisión de gestión : las áreas y organismos del Gobierno deben potenciar y asegurar su implementación para mejorar la calidad de los servicios, la eficiencia y la productividad.
Y fijó prioridades muy concretas: habilitaciones de actividades económicas, permisos y avisos de obra, infracciones y canales de atención ciudadana.
Elegimos empezar donde la fricción se siente todos los días.
El Plan Estratégico, aprobado por la resolución 58/SECITD/26, le dio dirección a ese mandato.
Organiza el trabajo en cuatro pilares: Gobernanza ; Investigación y Desarrollo (I+D); Producción y desarrollo de IA ; e Innovación Productiva y ecosistema de IA .
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.cronista.com — el contenido pertenece a El Cronista.