Cementerios tecnológicos o museos vivos: así sobreviven los dispositivos del pasado en las calles de Bogotá
En nuestro presente digital, la palabra actualización se convirtió en un término indispensable.
Los grandes avances tecnológicos requieren constantes mejoras en los sistemas operativos , por lo que resultan impulsando un ciclo de consumo constante que cada vez más se parece a una obsolescencia programada.
Pero hace un par de décadas, la industria operaba bajo otra lógica, a mayor resistencia, mejor producto.
Fabricaban dispositivos pensados para perdurar en los años, e incluso algunos lo hicieron con el mítico Nokia 1100 , que evoca, entre nostalgia y risas, la imagen de un teléfono que podría soportar cualquier golpe.
Afirmar que todo pasado fue mejor implica ignorar un presente dinámico , marcado por un desarrollo acelerado que ha dado lugar a dispositivos tan innovadores que hoy se consideran indispensables en la vida cotidiana.
Más allá del avance en electrodomésticos y del debate sobre el paso del tiempo y la funcionalidad, existen dispositivos que permanecen en la memoria colectiva, pero que, debido a la evolución tecnológica, dejaron de ser de uso común.
Esto invita a preguntarse dónde concluyó su vida útil y qué ocurrió con ellos tras su retirada del día a día.
En el norte de Bogotá, en un mercado popular, o como algunos prefieren llamarlo, “mercado de las pulgas”, un hombre de 84 años de edad atiende un puesto que bien podría ser un cementerio de dispositivos tecnológicos.
Son artefactos que marcaron otras generaciones pero que, gracias al inevitable paso del tiempo, quedaron relegados al olvido.
Sin embargo, esto no es realmente un cementerio tecnológico, porque todavía avivan el interés de personas de todas las edades.
Es, tal vez, una vitrina; o, si se prefiere, una pequeña exposición o museo del tiempo que atiende Gabriel González, un adulto mayor que dispone de una colección de más de 2 mil vinilos .
Algo que envidiaría el usuario más activo de Spotify, una aplicación que ‘Don’ Gabriel no conoce.
Para él, la música se escucha en vitrola, como los discos de bolero que suele disfrutar.
“Yo tengo una vitrola en la casa, y allá es donde me gusta disfrutar de mi colección de acetatos”, mencionó, resaltando el valor sentimental que para él tienen álbumes como el de los Beatles, que algunas veces suele escuchar en sus auténticas máquinas del tiempo.
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