La soledad no deseada en personas mayores
Vivimos más años que nunca.
Los avances de la medicina, la ciencia y las condiciones de vida hicieron posible un aumento extraordinario de la esperanza de vida .
Pero este logro también nos plantea una pregunta: ¿qué significa vivir más si esos años no están acompañados de bienestar, autonomía y relaciones significativas ? El desafío de la longevidad no consiste solamente en sumar años, sino en asegurar que esos años puedan transcurrir con salud, proyectos y calidad de vida .
Y en esa conversación hay un aspecto que durante mucho tiempo quedó relegado: nuestros vínculos .
Podemos cuidar nuestra alimentación, hacer actividad física, realizar controles médicos y mantenernos activos.
Pero también necesitamos algo tan básico como difícil de medir: sentir que somos parte de algo , tener con quién compartir una preocupación, una alegría o simplemente un momento del día.
Ahí aparece la soledad no deseada .
No se trata simplemente de estar solo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) distingue entre aislamiento social y soledad : el primero se refiere a la cantidad y frecuencia de las interacciones sociales, mientras que la segunda es una experiencia subjetiva vinculada a cómo percibimos nuestras relaciones y conexiones con los demás.
La soledad elegida es diferente de la soledad no deseada.
Una persona puede tener familia, amistades y vínculos significativos y, aun así, elegir pasar tiempo sola y sentirse bien con ello.
La soledad no deseada aparece cuando existe una distancia entre los vínculos que tiene y los que desea o necesita.
Por eso, sentirse solo ocasionalmente no es lo mismo que atravesar una situación sostenida de aislamiento o falta de vínculos .
Se puede vivir solo y no sentirse solo.
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