Colocaron un ventilador de casi 5 metros en una torre y salvaron sus cultivos de una ola polar feroz
Los agricultores de Estados Unidos enfrentan cada año el desafío de las heladas tardías, un fenómeno climático que amenaza con destruir cosechas enteras de duraznos y otras frutas de invierno.
Ante la magnitud de las pérdidas, productores de Texas, California y Washington adoptaron una solución tecnológica eficaz: la instalación de torres con ventiladores de 4,5 metros de largo.
Este sistema, diseñado para mitigar los efectos de una ola polar feroz, permite salvar la producción mediante un proceso físico de mezcla de masas de aire.
El funcionamiento del mecanismo resultó de una investigación que tuvo su origen en el año 2019.
En aquel momento, la NASA detectó a través de imágenes satelitales que el invierno en Texas presentó variaciones de temperatura que oscilaron entre los dos y siete grados.
El hallazgo reveló que los generadores eólicos ubicados en los campos no solo producían energía, sino que generaban un microclima particular.
Según el informe posterior, los molinos realizaban una tarea fundamental: hacían circular el aire caliente que se concentraba en las capas superiores de la atmósfera y lo empujaban hacia el suelo.
De esta manera, evitaban que el aire frío, mucho más denso y pesado, se estancara en la superficie y congelara los cultivos.
El fenómeno físico detrás de esta protección es sencillo.
Al ponerse el sol, el suelo pierde calor rápidamente hacia un cielo despejado, lo que enfría el aire que está en contacto directo con la tierra.
Esa capa de aire gélido, al ser más densa, permanece estancada cerca de las plantas y provoca daños severos en los brotes.
Los ventiladores, instalados en torres de nueve metros de altura, rompen esa barrera térmica.
Con una potencia que no supera los diez caballos de fuerza, estas herramientas no generan calor artificial, sino que simplemente mezclan la capa superior del aire con la inferior.
De acuerdo con el medio The Economic Times , que citó un informe de The Pulse , esta técnica permite elevar la temperatura ambiente entre tres y cinco grados cerca de las estructuras, lo que garantiza la supervivencia de los frutos.
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