Lucía Zavala, médica neuróloga: “Caminar más lento de forma prematura puede indicar una alteración en la conectividad cerebral”
Puede parecer trivial e irritante cuando uno está apurado y quien se encuentra por delante no avanza al ritmo deseado, pero lo cierto es que la velocidad a la que se camina de un punto A a un punto B puede revelar mucho sobre el funcionamiento interno del cuerpo y la mente.
La evidencia académica corrobora que quienes tienen una marcha rápida envejecen de manera menos avanzada que quienes se toman su tiempo para caminar.
Además, se corroboró que aquellos que se desplazan con lentitud manifiestan signos de envejecimiento cognitivo avanzado.
Por ejemplo, con puntuaciones más bajas en pruebas de cociente intelectual (CI), de memoria, velocidad de procesamiento, razonamiento y otras funciones mentales.
Sus cerebros mostraron ser más pequeños de tamaño y tenían más porcentaje de materia blanca −tejido del sistema nervioso central que conecta distintas áreas del cerebro y la médula espinal−.
José Antonio Marina.
El filósofo español revela cuál es el mayor error en la educación de los jóvenes ¿Qué dice la evidencia académica? Diversas investigaciones constatan que la velocidad de la marcha es un predictor significativo de la esperanza de vida en adultos mayores.
Un caso de lo mencionado es el de investigadores de la Universidad de Pittsburgh que recopilaron los resultados de nueve estudios que, en conjunto, siguieron a más de 34.000 adultos de 65 años o más, durante periodos de entre 6 y 21 años .
Su veredicto ratificó que la velocidad de la marcha estaba asociada de manera significativa con la longevidad: los hombres que a los 75 años caminaban más lentamente tenían un 19% de probabilidades de vivir otros 10 años, frente a aquellos que caminaban más rápido, que presentaban una probabilidad de supervivencia del 87%.
Uno de los hallazgos más significativos y cercanos a la actualidad −en comparación con el metaanálisis previamente mencionado− tiene que ver con el estudio “Asociación de la función neurocognitiva y física con la velocidad de la marcha en la mediana edad” que se publicó en la revista Neurology .
En él, académicos de la Universidad de Duke, Estados Unidos, evaluaron la función cognitiva de 904 personas de 45 años a lo largo de toda su vida.
Además de detectar señales de “envejecimiento acelerado” en pulmones, dientes, corazón y sistemas inmunitarios en quienes tenían un andar lento, encontraron que este mismo grupo de caminadores manifestaba envejecimiento cognitivo avanzado.
Pruebas de resonancias magnéticas mostraron que dicho deterioro iba acompañado de cambios observables en el cerebro de los participantes: quienes caminaban más despacio tenían cerebros más pequeños, una neocorteza más fina −capa más externa del cerebro que lleva adelante el mecanismo del pensamiento y procesamiento de información compleja− y menos materia blanca .
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