Milei y Luis Caputo giran disimuladamente a la heterodoxia
Usar el FGS (el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, la llamada “plata de los jubilados” en manos de la ANSES) para estimular el crédito hipotecario, y por extensión la construcción; flexibilizar el uso de los dólares depositados en los bancos para prestarlos a empresas no exportadoras, de nuevo, especialmente del sector de la construcción; permitir el deslizamiento del tipo de cambio para alentar la baja de las tasas de interés, y con ello el crédito, la inversión y el consumo, aún al precio de un relajamiento monetario que pueda demorar la baja de la inflación, son todas cosas que a Milei y a Caputo se le viene reclamando que hagan hace varios meses.
Y apuntan en conjunto a que sean menos estrictos en el programa de estabilización y estimulen en alguna medida la actividad, sobre todo en los sectores que vienen más rezagados.
Son todas medidas que Economía y el Banco Central han venido tomando en los últimos días.
En algunos casos con disimulo.
En ninguno con directa participación del Presidente en los anuncios.
Como si él prefiriera preservarse como referente de las posiciones más duras en su gobierno, el depositario final e inflexible, por si todos los demás aflojan, de la misión de meter el cuchillo hasta el fondo.
Por mucho que duela.
Y nunca aparecer dando el brazo a torcer.
Y eso que Milei reapareció estos días en escena , después de varias semanas de relativa ausencia, con una convocatoria a los legisladores de su fuerza a Casa Rosada.
Podría haber usado ese encuentro para adelantar lo que Luis Caputo anunciaría a la mañana siguiente, el uso de plazos fijos del FGS para fondear créditos hipotecarios.
Pero hizo todo lo contrario: insistió con sus posturas de siempre, insultando a los periodistas, refutando todas las críticas a su gestión, atento solo a explicar y alentar las nuevas reformas en carpeta que profundizan el rumbo: reforma del Banco Central, Inocencia Fiscal II, etc.
Todos temas que pueden interesar a los inversores, reales o potenciales, no a la gente común, a “la calle”.
Pareciera que aplica a rajatabla el criterio de que es mejor que a un gobernante lo consideren terco que débil, y que entonces le conviene disimular cuando decide corregirse.
El desafío de Milei. (Foto: REUTERS/Angela Ponce/File Photo) ¿Es un error que se comporte de este modo? Es sin duda bastante desagradable, poco autocrítico, y por tanto, escasamente abierto al debate y el pluralismo.
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