TGS consiguió un “doble” RIGI para destrabar el cuello de botella millonario en Vaca Muerta
TGS consiguió el aval del Gobierno para avanzar con dos proyectos de infraestructura por más de u$s 3200 millones destinados a procesar, transportar y exportar los líquidos asociados al gas natural de Vaca Muerta.
El Comité Evaluador aprobó el ingreso de ambas iniciativas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), un paso clave para una obra que la compañía había anunciado en marzo y que apunta a resolver uno de los principales cuellos de botella que puede enfrentar el crecimiento de la producción en la cuenca neuquina.
El proyecto contempla dos grandes desarrollos.
Por un lado, una nueva infraestructura en Tratayén, Neuquén, que permitirá separar los líquidos del gas natural.
Por otro, la construcción de un ducto de 577 kilómetros que llevará esos líquidos hasta Bahía Blanca, donde TGS levantará una planta para fraccionarlos, almacenarlos y posteriormente exportarlos.
La inversión supera ahora los u$s 3200 millones, frente a los u$s 3000 millones anunciados originalmente por la compañía.
Una vez que el complejo entre en operación, previsto para 2030, el Gobierno estima que permitirá generar unos u$s 1100 millones anuales de exportaciones y que durante la construcción generará alrededor de 19.000 empleos.
La dimensión del proyecto excede, sin embargo, la construcción de una nueva planta.
La apuesta de TGS está directamente vinculada con la posibilidad de que Vaca Muerta siga aumentando su producción de gas y petróleo sin quedar limitada por la falta de infraestructura para manejar los líquidos que salen asociados al gas.
El cuello de botella que puede limitar a Vaca Muerta El problema es técnico, pero tiene una consecuencia económica muy concreta.
El gas que se produce en Vaca Muerta contiene líquidos —entre ellos propano, butano y gasolina natural— que deben ser separados antes de que el gas pueda ser transportado por los gasoductos.
A medida que aumenta la producción, también crece el volumen de esos líquidos.
Y allí aparece el límite: mientras la capacidad para transportar el gas viene ampliándose, la infraestructura para separar, transportar y procesar los líquidos es mucho más acotada.
En marzo, cuando TGS anunció su proyecto de u$s 3000 millones, Jorge Vugdelija, director de Grandes Proyectos de la compañía, lo sintetizó así: “Hoy el gas puede moverse, pero los líquidos tienen un límite de transporte”.
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