El asesinato de Claudia Tacoronte lleva a las universidades a reforzar la seguridad de los intercambios
Los protocolos de estancia son muy generales y remiten a las notas del Ministerio de Exteriores
La muerte de Claudia Tacoronte , la estudiante canaria de 21 años asesinada en México mientras se encontraba de intercambio universitario, ha revelado cierta falta de control en los protocolos de comunicación y seguimiento al alumnado de este tipo de programas. No ha quedado claro por qué la Universidad de Granada , donde estudiaba en origen la joven, no suspendió la movilidad, pese a existir alertas de un incremento de la violencia y secuestros en el lugar de los hechos. Tampoco se sabe por qué la Universidad Autónoma del Estado de Morelos no comunicó los otros tres asesinatos previos de alumnas al campus español ni por qué éste no se enteró de ellos, pese a que se suspendieron las clases, hubo comunicados públicos y los propios estudiantes hicieron concentraciones de repulsa.
Claudia se ha convertido en un símbolo del estudiantado mexicano, que reclama más seguridad ante la oleada de violencia. En España, la Universidad de Zaragoza está revisando los convenios, mientras las universidades de Granada y La Laguna han cancelado sus acuerdos con Morelos. El miércoles, los campus andaluces se reunirán para revisar sus protocolos de internacionalización.
«Tendremos que ponernos manos a la obra para todo lo que permita mejorar, afinar y completar de una forma mejor nuestros protocolos», ha admitido Pedro Mercado , rector de la Universidad de Granada, que es la que exporta más jóvenes al extranjero y, según distintas fuentes, «el gran motor español de la movilidad».
El principio de autonomía universitaria lleva a que haya tantos protocolos de estancias formativas en el extranjero como campus hay, cerca de un centenar. Unos 44.000 estudiantes matriculados en universidades españolas -el 3% del total- salen anualmente al extranjero mediante algún programa de movilidad, un 22% más que hace una década. Salvo incidencias muy puntuales, han sido destinos seguros para los estudiantes. Pero se suceden las catástrofes naturales y los conflictos bélicos y hay que prepararse para una vida cada vez más cambiante e incierta.
«Habrá que revisar y reforzar las pautas que se trasladan a los estudiantes», señalan fuentes de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (Crue) , que el pasado abril aprobó una guía para elaborar protocolos de emergencias para orientar a los campus sobre cómo redactar sus propias normas. «No es un protocolo como tal para aplicar textualmente. Se trata de recomendaciones, ya que las universidades son autónomas y ellas deciden», añaden las fuentes. Su documento, en todo caso, clasifica por niveles las emergencias: el 1 para las básicas o administrativas, el 2 para enfermedades, asaltos sin violencia grave o arrestos policiales y el 3 para casos «de nivel crítico», como desapariciones, muertes, desastres naturales, atentados terroristas o conflictos bélicos. En estos casos, la recomendación es dejar actuar a la embajada o al consulado.
La mayoría de protocolos de las universidades recomiendan es obedecer las indicaciones del Ministerio de Exteriores , antes y después del viaje.
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