Francisco Castillo, autor de 'Perros viejos': "Vivimos en una especie de mediocridad controlada"
La publicidad española llegó tarde a la modernidad, pero cuando lo hizo encontró un país dispuesto a consumir, una televisión capaz de reunir a millones de personas y una generación de creativos que todavía no sabía cuáles eran las reglas. Francisco Castillo recupera aquel momento en Perros viejos , su segunda novela, ambientada en los años 80 y construida a partir de las historias de quienes levantaron algunas de las grandes agencias españolas.
Castillo sabe de qué habla. Publicista desde los 19 años, entró en el sector en 2003 y todavía alcanzó a conocer los últimos coletazos de aquella forma de entender el oficio. Para escribir Perros viejos decidió buscar a quienes habían llegado antes. "Son la generación que montó las agencias de publicidad a finales de los 70 y principios de los 80", explica.
Las conversaciones terminaron convirtiéndose en una de las mejores partes del proyecto. "Llegó un momento en el proceso de documentación que dije: tengo que acabarlo y ponerme a escribir porque puedo estar aquí toda la vida" .
Para Castillo, la explosión de la publicidad española resulta difícil de entender sin observar lo que estaba ocurriendo en el resto del país. España salía de la dictadura mientras millones de personas comenzaban a relacionarse de otra manera con el consumo. "En España había publicidad, obviamente, antes de la democracia, pero casi no había consumo. Primero, porque no había dinero. Y segundo, porque casi no había empresas masivas de distribución". El cambio fue enorme. "Acaba la dictadura y España pasa a ser un país de 35 millones de consumidores. Entonces llegan un montón de empresas a vender sus productos" .
Y apareció el dinero. "Empezó a venir dinero a paladas para eso y unos cuantos aventureros se dieron cuenta de ello. Y sin que existiese la carrera de publicidad, empezaron a montar agencias. Como no existían publicistas titulados y tenían un chorro de dinero, podían contratar a poetas, escritores, artistas". Castillo resume aquella relación entre cultura y publicidad con una frase: "El mayor mecenas que ha habido en el arte en España en los 80 ha sido la publicidad" .
Para reconstruir aquel universo, Castillo entrevistó a algunos de sus protagonistas. Las conversaciones no siempre tuvieron el formato convencional de una entrevista.
"Yo quedaba con ellos para comer, luego nos echábamos la tarde de copas y volvía a casa muy contento de haber estado con ellos y con esa sensación de 'he llegado tarde a esto'". Hubo también material que decidió dejar fuera de Perros viejos . "El único pacto que hice con ellos es no nombrarles y ciertas cosas que me contaron. Muchas veces se les iba la lengua y me decían: 'Oye, por favor, no cuentes esto, que me puedo meter en ciertos problemas maritales, con clientes, económicos o lo que sea'. Entonces, obviamente, eso me lo quedo para mí".
La publicidad ha producido su propia mitología de ejecutivos brillantes, alcohol, tabaco, sexo, dinero y jornadas interminables. Castillo conocía ese imaginario y precisamente por eso decidió buscar otro tono. "Yo no quería hacer una obra cínica. Quería hacer una pieza un poquito romántica y luminosa sobre la publicidad.
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