El acuerdo petrolero de Trump evidencia que pocos se fían del persistente chavismo
El Gobierno de Estados Unidos ha tenido que implicarse directamente, incluso a través de su Departamento de Defensa, en un nuevo plan petrolero para Venezuela con el fin de intentar dar garantías adicionales al sector privado internacional, dada la evidencia de que los grandes grupos energéticos siguen sin fiarse de la seguridad jurídica que puede ofrecerles el ecosistema político y económico chavista.
Por su parte, la cúpula chavista ha debido otorgar mayores concesiones petroleras a Washington –el acceso a una quinta parte de sus reservas nacionales de crudo–, porque de la llegada de inversiones exteriores depende su propia supervivencia política.
Dada la falta de un acuerdo con Irán sobre el normal flujo de hidrocarburos a través del estrecho de Ormuz, a Donald Trump le urge crear expectativas sobre un descenso del precio del petróleo de cara a las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
Para Delcy Rodríguez atarse más en corto con la Administración Trump le permite empujar hacia más adelante las elecciones que deberían haberse celebrado ya en Venezuela .Las inversiones que Trump aseguró que llegarían a Venezuela al tomar posesión del sector petrolero venezolano tras apresar a Maduro no se han producido.
La petrolera Chevron, la única estadounidense con presencia en Venezuela en las últimas décadas, ha aumentado su actividad, como también la española Repsol y la italiana Eni, igualmente ya presentes, pero la Administración Trump no ha convencido de momento a otros grandes actores energéticos de operar en el país caribeño.
Desde comienzos de año, la mayor petrolera estadounidense, ExxonMobile, así como la también destacada ConoccoPhillips, siguen declinando sumarse a las inversiones , a pesar de la invitación expresa realizada desde la Casa Blanca.La producción petrolera venezolana ha ido subiendo en los últimos meses: de momento alcanza una cifra aún no consolidada de 1,1 millones de barriles diarios, un tercio de lo que se producía cuando Chávez llegó al poder.
Con los compromisos de las compañías ya instaladas en el país podría cumplirse el objetivo de alcanzar los 1,5 millones de barriles diarios quizás en tres años.
Pero esto se queda corto ante las apremiantes urgencias de Estados Unidos en cuanto al precio del petróleo , que se han agravado con el cierre del estrecho de Ormuz.
La rivalidad geopolítica con China también empuja a Washington a asegurarse un mayor control de los recursos estratégicos en su entorno geográfico más próximo.
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