La UE urge a bajar los impuestos a la electricidad para hacerla más atractiva frente a los combustibles fósiles
La Unión Europea se prepara para gestionar un creciente estrangulamiento en sus redes eléctricas en un momento en que la electrificación industrial y el auge de los centros de datos disparan la demanda. Una propuesta de regulación del Consejo Europeo y de la Eurocámara a la que ha tenido acceso EL PAÍS advierte de una posible “escasez observada o prevista” en los puntos de conexión y abre la puerta a que los reguladores establezcan prioridades sobre quién puede conectarse cuando no haya capacidad suficiente. También llama a rebajar la fiscalidad de la electricidad para que sea menor que la del gas y los carburantes, un paso clave para acelerar una electrificación hoy más urgente que nunca .
La segunda gran tormenta energética en un lustro es algo más que una llamada de atención para un continente, Europa, que depende casi íntegramente del exterior para saciar su adicción a los combustibles fósiles. Hoy, a diferencia de en las dos icónicas crisis de los años setenta, hay salida a esa dependencia: el 75% de la demanda energética actual puede electrificarse con tecnologías hoy disponibles, según los últimos cálculos de la Universidad de Oxford . Para ello, sin embargo, hace falta liberarse de inercias y ataduras mentales. Y dar un paso al frente con medidas de acompañamiento económico para que ese cambio sea viable.
Ese último flanco es el que quieren atacar de una vez por todas los Veintisiete, tratando de aligerar la carga fiscal que soporta la electricidad para hacerla aún más competitiva frente a sus pares fósiles. La propuesta mantiene el principio de que la electricidad no debe soportar una fiscalidad superior a la de los combustibles —en particular el gas—. Permitirá revisar cómo se calculan los peajes de red. Y plantea que los Estados puedan asumir con fondos públicos una parte de los costes de determinados usuarios.
Hoy, con los precios de los hidrocarburos disparados por la concatenación de guerras en Ucrania y en Oriente Próximo, la brecha es enorme: quienes tienen un coche eléctrico o han instalado una aerotermia bien saben del ahorro que supone. En condiciones normales, sin embargo, esa brecha se cierra; en gran medida por un diseño de la fiscalidad en muchos países que, lejos de acompañar, lastra la electrificación.
“El ritmo de electrificación está intrínsecamente ligado al coste de la electricidad, que a su vez depende no solo de los cargos de red, sino también de los impuestos que gravan las facturas eléctricas”, se lee en el texto de la regulación, que han examinado esta semana las capitales. “Los Estados miembros deben garantizar que la electricidad reciba un tratamiento fiscal más favorable que el gas natural, proporcionando así una señal de precios que impulse la electrificación de la Unión”.
La transición hacia la electricidad como principal fuente de energía en hogares, transporte e industria “se ve obstaculizada allí donde los marcos fiscales nacionales siguen favoreciendo a los combustibles fósiles frente a la electricidad”, incide el documento.
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