Ayer eran 9,39; hoy 8,86: por qué los robots están pulverizando sus récords en cuestión de días
Hace apenas tres días parecía que los robots humanoides acababan de entrar en una nueva era.
El sábado, el Tiangong Ultra, un robot chino desarrollado por el Beijing Humanoid Robot Innovation Center, corrió los 100 metros en 9,39 segundos durante los World Humanoid Robot Games de Pekín.
La marca ya era más rápida que los 9,58 segundos del récord mundial de Usain Bolt.
Ahora ese récord ya ha quedado viejo.
El martes, el mismo Tiangong Ultra volvió a correr y paró el cronómetro en 8,86 segundos, rebajando en medio segundo su propia marca en cuestión de 72 horas.
El robot terminó estrellándose contra la protección colocada después de la meta y soltando chispas, pero el tiempo ya estaba registrado.
La pregunta interesante no es tanto por qué un robot puede correr más rápido que un humano.
Es por qué los récords robóticos están cayendo a una velocidad que sería impensable en el deporte tradicional.
Un laboratorio disfrazado de competición La primera diferencia está en la naturaleza del récord.
Cuando un atleta humano mejora una marca mundial, normalmente hablamos de pequeñas ganancias: centésimas, décimas y, en ocasiones excepcionales, segundos.
El récord de Bolt lleva vigente desde 2009.
En cambio, Tiangong Ultra pasó de 21,50 segundos en la edición de 2025 a 9,39 en 2026 y después a 8,86.
No se trata de que un robot haya entrenado un poco mejor durante un año.
Se trata de que sus ingenieros pueden cambiar simultáneamente el hardware y el software.
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