Poetas en bañador, las confesiones de un verano entre versos
Hace diez años en la playa de Mazagón (Huelva) nació una iniciativa llamada 'Poetas en bañador', organizada por la librería La Taberna del Libro.
Un encuentro donde poetas y músicos recitaban versos a los bañistas en los chiringuitos y la arena.
Entre limonadas, castillos de arena y pelotas de playa resonaba «Mi habitación sobre el mar / parece un barco. / Voy sin nadie. / Navego a la nada», de Gloria Fuertes .
El paso del tiempo acabó por dinamitar aquella actividad que divertía a algunos bañistas en sus tardes veraniegas.
Sin embargo, la poesía nunca muere.
Aparece de repente entre olas y mareas.
Dickinson entonó su 'Por fin llegará el verano', Vilariño enterró su largo amor sobre la arena con aquel «Cómo he de hacer / amor para vivir aún / para sufrir aún este verano».
Y Bécquer se detuvo a observar amaneceres para darse cuenta de que «en una breve noche de verano / se unieron los crepúsculos».Son tantos los nombres ligados a esta vacacional estación que uno acaba por preguntarse: ¿qué hacen los poetas en verano?, ¿a qué poema saben las vacaciones? Para averiguarlo, ABC ha hablado con diez voces del verso español de distintas generaciones y geografías sobre lo que leen, escriben y el lugar que ocupa la poesía cuando baja la persiana y el termómetro sube.Veteranos del verso veraniegoLuis Alberto de Cuenca zanja la pregunta sin rodeos y cuenta que su verano es para leer: «Hubo veranos de escribir a tope, pero este no ha sido prolífico».
Es más de disfrutar sus lecturas allá donde le pillen descansando y, en estos meses, ha vuelto a 'La Odisea' de Homero para olvidarse de «la horrenda película de Nolan».
Admite que en su maleta metería siempre 'Las flores del mal' de Baudelaire y resume la poesía en verano sin metáforas: «Lo mismo que en invierno, primavera u otoño: mi bella arte favorita».
El crítico de ABC y poeta, Diego Doncel, no separa lectura y escritura.
En su casa de campo de Montánchez, frente a la llanura de Cáceres y Trujillo, «los poemas acuden a su cita como cada año», asociados siempre a la calma.
Este verano ha vuelto a Elizabeth Bishop y Mary Oliver, esta última con «una fuerza muy poderosa con las cosas y los seres de la realidad».
En el caso de Doncel , cambia el gesto de leer más que el lugar porque «los libros piden salir fuera, estar al sol, mancharse de nuestro sudor».
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