La marea ultraderechista en Alemania: otro ladrillo en el muro
El “nunca más” alemán de los últimos ochenta años se convirtió anoche en un “a lo mejor sí”.
La marea ultraderechista, etnonacionalista y neofascista superó ayer con creces el 40% en la región de Sajonia-Anhalt por un cúmulo de razones.
Una: la crisis existencial alemana, que se durmió al volante con Merkel y sus sucesores.
Dos: la nostalgia romanticona de la RDA, con el Oeste mirando siempre por encima del hombro a las regiones del Este.
Y tres: el debate de la migración, imprescindible para que un país como Alemania funcione cuando la demografía es claramente declinante, pero convertido en un asunto tóxico desde Ceuta a Copenhague, desde Hungría a las zonas cercanas a los hornos crematorios de Auschwitz, Buchenwald y Dachau.
“Hemos hecho historia”, decía ayer Ulrich Siegmund, candidato de AfD a primer ministro de esa región, un pequeño land de unos dos millones de habitantes.
El fascismo consiste básicamente en no conformarse con hacer política y pretender hacer historia a todas horas.
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