Más relato que sustancia en el neocolonialismo de Trump en Venezuela
El petróleo venezolano no es fácil ni barato de extraer: por este motivo, el sector privado estadounidense ya fue, poco después de la operación para derrocar a Maduro, extremadamente cauto. Si algo necesitan este tipo de inversiones es estabilidad. Cabe esperar que las empresas del sector (acostumbradas a tratar con gobiernos de todo pelaje, y con capacidad para seleccionar inversiones en todo el mundo), antes de abrazar las estratosféricas cifras apuntadas por Donald Trump, hagan sus propios cálculos: coste, ingreso, beneficio y, sobre todo, riesgos de un eventual cambio político que pueda estropear las cifras de la hoja de cálculo.
La caída de Maduro y la tutela estadounidense de Venezuela son un imán para el capital extranjero hacia una industria petrolera en fase de derribo, asolada por lustros de corrupción y déficit inversor. Un proceso del que se podrán beneficiar empresas que, como Repsol , han mantenido las operaciones en el país, y que permitirá recuperar producción. Pero ello dependerá de las decisiones del sector privado, que siempre prefiere un marco institucional predecible y estable. El mundo no es el mismo que hace 100 años.
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