José Luis Neyro, ginecólogo: «Después del parto, al padre se le acaba el instinto paternal en tres días, pero la madre nunca va a volver a ser la misma de antes, nunca»
Ser padres es uno de los momentos más importantes en la vida de una pareja.
Sin embargo, hombres y mujeres no siempre viven este proceso de la misma manera, especialmente durante las primeras semanas posteriores al parto.Sobre este tema ha hablado recientemente el doctor José Luis Neyro, ginecólogo y divulgador médico, durante una reciente visita al conocido podcast Worldcast.
Durante la conversación, ha abordado diferentes temas relacionados con el embarazo, el parto y los cambios físicos y emocionales que experimentan las mujeres después de dar a luz.Instinto paternal vs maternoEn un momento de la conversación, el ginecólogo es preguntado por las diferencias entre padres y madres en su conexión con el bebé. «Es tan radical como la noche y el día», responde. «Al padre biológico se le acaba el instinto paternal en tres días, lo que le dura el permiso de la fábrica.
A partir de ahí el padre vuelve a la normalidad.
La madre nunca va a volver a ser la misma de antes.
Nunca».Neyro atribuye esta diferencia a los cambios hormonales del posparto: «En el momento en que alumbra, o sea, cuando da a luz la placenta, en ese momento se queda sin hormonas sexuales femeninas de ninguna clase».
Según explica, el organismo limita la actividad de los ovarios «para que siga lactando y para que siga alimentando al bebé».Por este motivo, asegura, las mujeres «están desajustadas y lloran por las esquinas» y «tienen reacciones desproporcionadas a los estímulos». ¿Cómo debe tratarse esta situación? «Con cariño», responde el especialista, que aconseja a los padres no preguntar cómo pueden ayudar, simplemente, hacerlo: «Sólo diga 'Sí, cariño', pero nunca pregunte cómo puede ayudar.
Solo ayude».El ginecólogo describe también el agotamiento que afrontan muchas madres: «No es infrecuente que en el séptimo día de puerperio te encuentres a la madre de tu hijo que lleva 17 horas de pie con un café a medio tomar».
Mientras tanto, añade, «no se ha podido duchar» y «la criatura no ha hecho ninguna toma bien desde las cuatro de la mañana».A esa situación se suma el sentimiento de culpa, que muchas mujeres prefieren ocultar incluso a su entorno. «En esas 17 horas la madre ha deseado tirar al niño por la ventana cuatro veces», afirma Neyro. «Lo viven como una sensación de fracaso personal que no van a reconocer jamás».
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