Josep Maria Planas contra los gánsteres
El verano de 1936, con la revolución en Barcelona tras el abortado levantamiento del general Goded y la inacción de la Generalitat para contener el caos, el periodista Josep Maria Planas apareció en las listas negras de la FAI.
Los anarquistas le habían situado en los primeros puestos de los candidatos al 'paseo'.
El motivo: sus reportajes de investigación en el diario 'La Publicitat' donde los calificaba de gánsteres: «Está comprobado que las bandas de atracadores que han actuado últimamente en Barcelona no son otra cosa que unos agentes de la FAI, particularmente activos.
Nuestros gánsteres no son ladrones vulgares.
Trabajan, para expresarlo en su léxico, por el 'ideal'», escribió en abril de 1934.
Planas no era el único que señalaba la infiltración de pistoleros en el anarcosindicalismo.
Cenetistas como Ángel Pestaña o Juan Peiró lamentaban que el comunismo libertario sirviera de coartada a delincuentes que utilizaban la acción directa contra sus adversarios o practicaban el pillaje en nombre de la colectivización: los denominados «incontrolados».
La amnistía del Frente Popular a los condenados por los hechos del 34 retornó a la calle a muchos facinerosos disfrazados de anarquistas.
El 28 de abril, dos pistoleros asesinaron a Josep y Miquel, los famosos hermanos Badia.
Conocido como Capità Collons, jefe de Policía de la Generalitat, Miquel Badia era el enemigo número uno del anarcosindicalismo.
Separatista violento y fascistoide, torturador de obreros en vía Layetana, Planas coligió que había sido eliminado por quienes le amenazaron de muerte: la FAI.
Catalanista, republicano liberal, el manresano era una de las plumas mejor afiladas del periodismo años treinta.
Lo demostró desde su llegada en 1929 a Barcelona en 'La Noche', 'El Día Gráfico', 'La Nau', 'Mirador', 'Imatges', 'El Be Negre' y 'La Publicitat'; además de sus obras de teatro, traducciones del francés y las crónicas cosmopolitas de 'Noches de Barcelona'.La investigación sobre el crimen de los Badia puso a Planas en la picota, aunque no era la primera vez que se enfrentaba a los gánsteres.
En 1933 dirigió un artículo al presidente Macià; deploraba la violencia de los paramilitares de Esquerra: una guardia pretoriana con los radicales Josep Dencàs de consejero de Sanidad y Miquel Badia, capo del parafascista Estat Català.
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