Las asociaciones de víctimas reclaman apoyo para superar la «incomprensión social» y «la indiferencia institucional»
«El terrorismo no termina con el ataque, continúa en el silencio y el olvido».
Esta frase partió de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para recordar el deber que tiene cualquier sociedad con sus víctimas.
Su dolor debe ser recordar y servir de aprendizaje para futuras generaciones.
ABC ha recogido el testimonio de las asociaciones que representan a este colectivo que lanzan un mensaje común: tienen que recorrer un camino largo, frío y lleno de incertidumbre.
Este es el termómetro de cómo se encuentran las víctimas y qué peticiones tienen para afrontar la difícil situación que viven desde hace años. «Cuando se produce un atentado terrorista, las víctimas reciben durante un tiempo el apoyo y el afecto de la sociedad.
Pero ese respaldo inicial muchas veces se apaga demasiado pronto.
La vida continúa para todos, pero las víctimas siguen atravesando procesos de duelo, miedo, desconfianza, inseguridad y alerta constante que pueden llevarlas al aislamiento y a una profunda soledad no deseada», detallan fuentes de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) a ABC.Esta plataforma aglutina más de 4.800 asociados.
Son 4.800 historias de dolor que no se han reparado y muchas no se repararán jamás. «Esa soledad no aparece solo en la víctima directa, también puede afectar a sus familiares y a su entorno más cercano.
Y se agrava cuando, tras el atentado, la relación con las instituciones, la Justicia o la Administración se convierte en un camino largo, frío y lleno de incertidumbre.
Cuando una víctima se siente abandonada, incomprendida o maltratada por el sistema, no hablamos solo de falta de apoyo: hablamos de revictimización», prosiguen su relato.A pesar de todo ello, lo tienen claro: las víctimas del terrorismo no pueden ser recordadas únicamente en los homenajes o en los aniversarios. «Necesitan acompañamiento real, sostenido en el tiempo, apoyo psicológico y social, protección institucional y una red que les ayude a reconstruir su vida y su identidad social», manifiestan.
Para intentar solucionar este problema han impulsado el programa ENLACE, una iniciativa que busca combatir la soledad no deseada creando vínculos de apoyo entre víctimas y personas voluntarias. «Acompañar, escuchar y estar presentes también es defender a las víctimas.
Porque las víctimas merecen verdad, memoria, dignidad y justicia, pero también cercanía, humanidad y una sociedad que no las deje solas cuando se apagan los focos», sugieren.
Desde 2005 Daniel Portero es el presidente de Dignidad y Justicia (DyJ).
Este ingeniero de caminos es hijo de Luis Portero, fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía asesinado por ETA en 2000.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.