Cuando los hijos se van de casa la madre también empieza una nueva vida
La salida de los hijos de casa marca un antes y un después en la vida familiar.
Para muchas madres supone orgullo y satisfacción al verles iniciar una nueva etapa, pero también nostalgia , preocupación y la sensación de que la rutina que había definido durante años su día a día cambia de repente.
Si, además, esta marcha coincide con la perimenopausia, ambas transiciones pueden entrelazarse y hacer que las emociones se vivan con mayor intensidad.
La psicóloga sanitaria Izaskun Basterra, especializada en salud mental femenina durante la perimenopausia y fundadora de PsicoPausia, explica que no se trata de dos procesos aislados. «No es raro que la salida de los hijos de casa y los cambios hormonales de la madre coincidan entre los 45 y los 55 años, y eso puede amplificar la sensibilidad emocional, la ansiedad, la dificultad para dormir y la sensación de pérdida», señala.Durante años, buena parte de la vida familiar gira alrededor de los hijos: horarios, comidas, estudios , actividades, preocupaciones y planes.
Cuando se marchan para estudiar fuera, esa presencia cotidiana desaparece y obliga a modificar costumbres que parecían inamovibles.
Pero no todas las mujeres experimentan este momento de la misma manera.
Algunas sienten principalmente tristeza, otras descubren una inesperada sensación de libertad y muchas transitan de una emoción a otra en cuestión de horas.
A este cambio familiar puede sumarse la perimenopausia, una etapa previa a la menopausia en la que también pueden aparecer transformaciones físicas y emocionales. «Es frecuente pensar 'estoy triste porque mi hijo se ha ido' o 'estoy irritable por mi propia revolución hormonal', pero en realidad ambas situaciones pueden estar interactuando y potenciarse mutuamente», apunta Basterra.La consecuencia puede ser una sensación difícil de identificar. ¿Procede la tristeza de echar de menos al hijo? ¿Tiene que ver el cansancio con el cambio de etapa o con el descanso ? ¿Responde la irritabilidad a una situación concreta o a todo lo que está ocurriendo al mismo tiempo? Para la especialista , la clave está precisamente en no buscar una única explicación: «No hace falta elegir una emoción.
Pueden coexistir y es normal sentirse así».
Uno de los cambios más importantes afecta también a la relación entre madres e hijos.
La convivencia permite una supervisión constante que desaparece cuando estos comienzan a estudiar fuera.
La relación necesita entonces encontrar nuevas formas de mantenerse cercana sin convertir la comunicación en un control permanente.Basterra recomienda «pasar de un rol de supervisión a uno de acompañamiento», una transformación que puede contribuir a fortalecer el vínculo.
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