La tragedia de Francia
No sé si conocen Francia.
Es el más apacible de los países.
Todo en él es mesurado: el relieve, la vegetación, hasta el vino, de una suavidad aterciopelada.
Y, sin embargo, desde hace algunos años todo es violento, cada vez más violento .
Desde 2015 me levanto en mitad de la noche para despertar a mis contemporáneos con malas noticias.
Noticias cada vez más difíciles de soportar.
He perdido la cuenta de los amigos que prefieren escuchar música antes que someterse a semejante martirio.Todo empezó con la oleada de atentados islamistas de 2015 , que dejó al país atónito.
Después llegaron los chalecos amarillos, una movilización social sin precedentes, ajena a cualquier medida conocida.
Luego, la letanía de las desgracias adquirió una dimensión global: la Covid, las consecuencias de la guerra de Ucrania y del conflicto en Oriente Próximo.
El periodo que se ha abierto hace apenas unos días señala el regreso de las viejas patologías francesas: la indignación, justificada, de los estudiantes de secundaria, a la que el Gobierno no sabe responder de otro modo que mediante la Policía; y la oleada de destrozos y saqueos del 17 de octubre , ante la que el Gobierno, esta vez, no ha ofrecido respuesta policial alguna.Nunca me había parecido tan sombría la situación francesa, tan plomiza como los tejados de París en octubre.
Nos enfrentamos a una crisis social que la política parece incapaz de resolver , con las elecciones a seis meses vista.
Todo ello en medio de una crisis económica: la deuda gravita con todo su peso sobre las decisiones presupuestarias, y el estado de ruina de nuestros institutos es, evidentemente, consecuencia de un Estado sin recursos.
En este caso, todo está conectado.
La deuda social sirve, ante todo, para financiar las pensiones y las prestaciones por enfermedades de larga duración.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.