En 2016, Francia se convirtió en el primer país del mundo en tener una carretera solar. Tres años después descubrimos por qué no era una buena idea
En diciembre de 2016, Francia inauguró en Normandía un kilómetro de carretera cubierto de paneles fotovoltaicos , un proyecto presentado como el mayor de su tipo en el mundo y como anticipo de una revolución que podía extenderse por 1.000 kilómetros de carreteras francesas.
La idea parecía irresistible: producir electricidad aprovechando una superficie que ya existía, sin ocupar tejados, campos ni espacios naturales.
Menos de tres años después, 100 metros habían tenido que retirarlos.
Una carretera solar.
El experimento se instaló en la carretera departamental 5 de Tourouvre-au-Perche, una pequeña localidad de Normandía, y fue inaugurado el 22 de diciembre de 2016 por la entonces ministra de Medio Ambiente, Ségolène Royal.
Sobre un kilómetro de asfalto se pegaron unos 2.800 m² de losas fotovoltaicas Wattway , desarrolladas por Colas junto al Instituto Nacional de Energía Solar francés tras cinco años de investigación y pruebas.
Las células de silicio estaban encapsuladas en una resina que, según sus responsables, permitiría soportar la circulación de todo tipo de vehículos, incluidos los pesados, sin perder el agarre necesario para funcionar como una carretera convencional.
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Redujo a la mitad la temperatura interior y ahorraron 560 kWh al año en aire acondicionado La promesa era enorme.
Francia invirtió unos 5 millones de euros de dinero público en aquel demostrador, pero Tourouvre debía ser solo el principio.
Royal llegó a plantear la instalación de 1.000 kilómetros de carreteras solares por todo el país y Colas calculaba que el tramo normando produciría unos 790 kWh diarios , suficiente para generar el equivalente al consumo del alumbrado público de una ciudad de 5.000 habitantes .
Ya entonces había motivos para la cautela: cada vatio pico instalado costaba alrededor de 17 euros , frente a unos 1,30 euros en grandes cubiertas fotovoltaicas y menos de un euro en algunas instalaciones solares sobre suelo.
Desastre tres años después.
La realidad de una carretera resultó bastante más agresiva que la de un tejado solar.
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