El Tribunal Penal Internacional, un organismo que enfrenta a EE.UU. y a la UE
El Tribunal Penal Internacional, que se encontraba entre los candidatos al Nobel de la Paz y también opta al premio Sájarov que otorga el Parlamento Europeo, atraviesa probablemente la crisis institucional y política más grave de su historia y puede acabar creando un incómodo conflicto diplomático entre Estados Unidos y la Unión Europea.
Creada en 1998 como parte de la arquitectura institucional que pretendía sustituir los elementos contrapuestos que había dejado la Guerra Fría, se enfrenta ahora a los límites del concepto decimonónico del Estado-nación, que por definición no admite ninguna jurisdicción por encima de la suya.
Tarde o temprano tenía que llegar un momento en el que el concepto mismo de un tribunal internacional con capacidad de perseguir y condenar a responsables políticos de forma individual vería que sus cimientos serían puestos a prueba.
Ahora mismo, el Tribunal Penal Internacional (TPI) ha emitido órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , y contra el dictador ruso, Vladímir Putin , pero no consigue que ningún Estado cumpla su obligación de arrestarlos, lo que pone en duda de forma palmaria su capacidad de hacer justicia.Los problemas con esta institución, que no depende de las Naciones Unidas sino que solo es reconocida por los países signatarios que la crearon, han desembocado en un callejón sin salida a raíz de su decisión de noviembre de 2024, de emitir órdenes de arresto contra Netanyahu y contra su ministro de Defensa Yoav Gallant, al considerar que existían motivos razonables para atribuirles crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos en Gaza.
En un intento de exhibir una posición equilibrada, el fiscal del TPI también reclamó el arresto de los dirigentes de Hamás Yahya Sinwar, Mohammed Deif e Ismail Haniyeh , aunque los tres fueron liquidados por Israel poco después, por lo que el gesto resultó vano.El problema central ahora es que tanto Israel como Estados Unidos no solo no reconocen la jurisdicción del TPI sino que Washington ha pasado de criticar al tribunal y a aprobar una ley que prohibe a sus funcionarios colaborar con ella, a sancionar directamente a sus jueces y fiscales, incluida su presidenta, la japonesa Tomoko Akane .
Sin embargo, tanto el presidente del Consejo Europeo, António Costa; como la de la Comisión, Ursula von der Leyen, han expresado su apoyo «firme» al TPI. «La presidenta Von der Leyen y yo estamos firmemente al lado del Tribunal Penal Internacional, de su presidenta Akane, y de los funcionarios que defienden su misión» y que han sido sancionados por la Casa Blanca como si fueran delincuentes.
Bélgica vivió un momento parecido.
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