Pedro Cases, pintor, artista, curioso y maestro de varias generaciones en Toledo
Pedro Cases fue un artista de los que hicieron de la curiosidad una forma de vida.
Pintor, fotógrafo, grabador, profesor y director de la Escuela de Arte de Toledo, pero también lector incansable, músico aficionado, viajero, amante de los bonsáis, de la cocina y de cualquier conocimiento que pudiera despertar su interés.
Murió el pasado 28 de julio, apenas unos días después de cumplir 70 años, en pleno verano y casi en silencio, mientras Toledo miraba hacia los incendios que asolaban España.
Pero su figura permanece en sus cuadros, en sus alumnos y, sobre todo, en su familia.Su fallecimiento ha dejado un vacío difícil de explicar para quienes estuvieron cerca de él.
También ha despertado la necesidad de reivindicar la trayectoria de un creador que durante décadas formó parte de la vida cultural y educativa de Toledo.
Alfredo Copeiro, artista toledano, profesor y hombre de múltiples inquietudes, ha sido una de las personas que ha querido evitar que su nombre quede relegado al olvido.
Copeiro, además, fue quien en los últimos años ayudó a Cases a recuperar parte de aquella ilusión por crear que, con el tiempo, había ido perdiendo.Pedro Cases Gómez de Olmedo nació en Toledo el 11 de julio de 1956.
Era hijo de Pedro, policía, y de Pepita, ama de casa que tuvo que sacar adelante a su familia con distintos trabajos.
Quedó huérfano de padre cuando apenas tenía once meses.
Se crió junto a su madre y sus dos hermanas, Maribel y Sol, en una época que su hija define como «dura, muy dura».Su infancia transcurrió en pleno centro de Toledo, en Zocodover, donde su madre regentó una casa de huéspedes.
Estudió con los Maristas y desde muy joven tuvo que asumir responsabilidades familiares.
Aquella infancia, marcada por las dificultades, no impidió que desarrollara una enorme inquietud intelectual y artística.Su infancia transcurrió en pleno centro de Toledo, en Zocodover, donde su madre regentó una casa de huéspedes.
Estudió con los Maristas y desde muy joven tuvo que asumir responsabilidades familiares«Hijo de «Pepita» y Pedro.
Hijo de policía (le gusta decir que era hijo del cuerpo) y ama de casa (con múltiples trabajos), huérfano de padre a los 11 meses, como él siempre repetía; se crió con su madre, tratando de sobrevivir en una época dura, muy dura», recuerda su hija Sol Cases en conversación con ABC. «Con una casa de huéspedes en pleno centro, Zocodover, estudiando en los Maristas, siendo el único «hombre» de la familia, con otras dos hermanas, una bastante más mayor, Maribel, y su hermana Sol, lejos, en Madrid, en un «internado», una vida dura, muy dura». «Criado por una madre, viuda en aquella época, tan joven y muy conservadora, desde bien jovencito trató de aprender todo, y muy rápido.
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